Cristina Garmendia dirige un 'superministerio'. Su despacho es el puente de mando de toda la ciencia española, desde la universidad hasta la empresa, el lugar desde el cual intentará pilotar el cambio hacia la economía del conocimiento.
-Estamos en una crisis por el desplome inmobiliario, ¿es la oportunidad para pasar de la economía del ladrillo y el turismo a la de la innovación y el conocimiento?
-Gracias a una de las mejores gestiones económicas que se han hecho en Europa -somos el país con el segundo mayor superávit-, podemos mantener en este momento de ajuste económico las inversiones, la apuesta por la investigación y el desarrollo (I+D), por el cambio de modelo económico.
-A uno basado en la innovación.
-Sí, basado en la innovación.
-Eso choca, no obstante, con que este año se haya frenado el gasto público en I+D.
-Es que el nivel de gasto público en I+D está muy por encima de la media europea. Somos el segundo o tercer país con el gasto público más alto en I+D respecto al PIB. Lo que ocurre es que el gasto privado no acompaña. Hasta hace poco era casi inexistente. Lo que nos anima de cara al futuro es que la I+D empresarial está creciendo a ratios del 20% anual. Eso significa que, si sigue en esos términos de crecimiento y se acompaña con el gasto público, convergeremos con Europa y tendremos una de las mejores proyecciones. No tengo ninguna duda. Espero que este ministerio sea decisivo a la hora de animar y demostrar que la inversión empresarial en I+D es productiva para el sistema.
-En 2006, España invertía en I+D el 1,16% del PIB, mucho menos que Suecia (3,82%), Finlandia (3,45%)... ¿Cuándo convergeremos?
-Ésos son países que tienen otra cultura, otra tradición, otro tipo de industria... En Dinamarca, por ejemplo, no existen universidades privadas; pero dos tercios de la financiación de la universidad pública es privada. ¿Por qué hay esa apuesta? Porque es rentable para la industria, sin duda. Debemos ir hacia una financiación del conocimiento que sea sostenible, donde podamos preservar el conocimiento básico, el puro conocimiento, porque demostremos que la transferencia de los resultados con aplicaciones produce beneficios a la sociedad y a la industria.
-El de Ciencia e Innovación es una especie de 'superministerio'.
-Por primera vez en la historia de la democracia tenemos el ministerio con los agentes y las competencias para poder organizar el conocimiento desde donde se genera, en las universidades y los organismos públicos de investigación, hasta las nuevas empresas con base tecnológica y también hasta esas industrias que no son tan innovadoras y que no se han dado cuenta todavía de que, a través de la innovación, pueden ser mucho más competitivas internacionalmente. Me refiero a sectores como el de la alimentación, el textil, la construcción...
-Hay comunidades autónomas que tiran claramente de la ciencia española, como Madrid, Cataluña, el País Vasco... ¿De qué es partidaria, de que haya tres o cuatro AVE científicos o diecisiete trenes de segunda?
-No corresponde al Estado decir a las comunidades autónomas cuáles deben ser sus apuestas. Lo que tenemos que hacer es estudiar y potenciar las apuestas en I+D para que sean ganadoras en el ámbito internacional, y hacer que las comunidades que van atrasadas en I+D reflexionen sobre el asunto. Por supuesto, no soy partidaria del café para todos. Hay que apostar por la excelencia y la calidad, y todo el que esté dispuesto a hacerlo será bienvenido.
-Hablando de grandes apuestas, ¿qué posibilidades hay de que Euskadi acoja la fuente europea de neutrones, un proyecto presupuestado en 1.400 millones y al que España aportaría 375 millones?
-Tenemos las condiciones necesarias: hay ya un acuerdo firmado entre el Gobierno vasco y la viene de la página anterior
Administración General del Estado, y están hechos los presupuestos. Pero quedan cosas por resolver. El éxito final dependerá de los apoyos que logremos en Europa de países que vayan a usar la instalación. Alemania, Francia y Reino Unido, los tres grandes, todavía no se han pronunciado por ninguna de las tres candidaturas, la sueca, la húngara y la nuestra. Estamos intentando afianzar en esa línea la candidatura de Zamudio.
-Si finalmente la fuente de neutrones no se construye o no se hace en España, ¿hay un plan B?, ¿podría destinarse el dinero ya comprometido a otra gran instalación en el País Vasco?
-Mientras el plan A esté vigente, hay que ir a por él con todo el esfuerzo posible. Distraer recursos en cuál sería el plan B nos desenfocaría y resultaría desmotivador. No hay que contemplar un plan B. Hay que ir a por un plan A ganador. Estamos convencidos de que la candidatura tiene mucho potencial y nuestro objetivo tiene que ser posicionarnos mejor que Suecia. Sólo si eso no sale, veremos luego un plan B.
Ciencia y ciudadanía
-Estamos sumidos en una crisis alimentaria mundial cuya solución pasa por una nueva revolución verde, pero parte de nuestra sociedad rechaza el uso de los transgénicos, única vía de incrementar la productividad, según los expertos.
-Es la paradoja que vivimos en algunos países. En el asunto de los transgénicos, hay que dar al ciudadano la libertad y la seguridad de poder elegir. No tenemos que prohibir ni incentivar.
-Manipulamos genéticamente plantas y animales desde los inicios de la agricultura y la ganadería, hace unos 11.000 años. ¿A qué se debe el rechazo a los transgénicos?
-Sin ninguna duda, a falta de información o conocimientos científicos.
-¿Va a hacer algo su ministerio para para paliar este tipo de situaciones?
-Uno de nuestros principales objetivos va a ser la divulgación científica. Vamos a canalizar todas las acciones necesarias para informar al ciudadano de la revolución que estamos viviendo en la alimentación, la medicina, la tecnología... Queremos contribuir a dar, en cualquier debate que surja, una respuesta con seguridad, con contundencia, y basada en el consenso de la comunidad científica.
-Pero la divulgación no cuenta en el currículo de investigador.
-Cuando un científico se da cuenta del impacto social de la divulgación, es tan gratificante que le incentiva. Cuando estaba en Asebio, la Asociación Española de Bioempresas, hicimos experiencias en ese sentido. Cogíamos un grupo de ciudadanos al azar, les preguntábamos qué opinaban de algunos asuntos y nos daban unas respuestas; luego les explicábamos las cosas y modificaban sus respuestas. Eso quiere decir que la gente desconoce lo que significan muchos avances científicos y la repercusión que tienen en su vida. Debemos animar a los científicos a divulgar y que se reconozca en el currículo.
-Es imposible invertir en todo. ¿Qué campos deben ser los prioritarios para nuestra ciencia? ¿En qué áreas podemos ser líderes?
-Según el Plan Nacional de I+D+I 2008-2011, son cinco: la energía y el cambio climático; la salud; las tecnologías de la comunicación y la información; la nanotecnología y la biotecnología.
-España es una potencia mundial en astronomía, disciplina que, sin embargo, no figura en esa lista.
-No figura como acción sectorial y temática, pero se han desarrollado una serie de instrumentos y herramientas transversales que nos van a permitir empujar apuestas concretas que sean líderes.
-Desde la publicación del genoma humano, los ciudadanos tienen depositada mucha fe en los avances biotecnológicos. Como bióloga, ¿cree que llegará a ver alguno de los avances de los que tanto se habla en los últimos años?
-Sin ninguna duda. Estamos, de nuevo, ante un problema de divulgación. Hay grandes avances que no se comunican y, ya se sabe, lo que no se comunica no existe. En el pronóstico y el diagnóstico de enfermedades, hemos avanzado de una forma espectacular. Ahí están las nuevas tecnologías de imagen. Respecto a las terapias, el proceso es mucho más largo y complejo.
-Se está formando la mejor generación de jóvenes científicos, ¿cómo vamos a encajarla en el sistema y evitar que huya al extranjero?
-Creo que, sin duda, tenemos la mejor generación de jóvenes investigadores. Hay que desarrollar una carrera para el investigador, en la que el talento sea reconocido al igual que en otras diciplinas. Una de mis prioridades va a ser el desarrollo de un real decreto para proteger al profesor e investigador y otro para el estudiante, para que tenga voz. Y vamos a diseñar tres carreras: investigador, técnico y gestor. Son las tres patas indispensables para avanzar en la ciencia. Además, la movilidad es fundamental. Los investigadores españoles tienen que salir fuera, y los de fuera, venir aquí. Tenemos que contar con centros que atraigan al talento científico, sea de la nacionalidad que sea.
-Para eso habrá que pagar más al talento que al resto, ¿no?
-Tiene que haber un sistema que prime el talento. Ahora mismo, hay talento internacional que quiere venir a España y está esperando a ver cómo se conforman las apuestas. El otro día, Joan Massagué me decía que sus colegas de Estados Unidos ven con mucho interés el asesorar a grupos y empresas españolas. Eso es una magnífica noticia. Uno de los retos ahora es construir el Espacio Universitario Europeo.
Conciliación y Letras
-Hablando de Bolonia, su ministerio ha echado atrás el 30% de la primera tanda de carreras presentadas, por no cumplir los requisitos.
-Digamos que ha salido adelante un 70%.
-Eso es ver al botella medio llena.
-Es que me parece muy positivo que, ante un reto tan importante como éste, en las primeras presentaciones, de 200 titulaciones haya un 70% de aprobaciones. Sé que el titular periodístico es el negativo; pero lo importante es que ya hay 150 titulaciones preparadas para el nuevo espacio.
-Usted ha dicho que no vamos a matar áreas del conocimiento porque una carrera no sea rentable.
-Las universidades son competencia de las comunidades autónomas, pero nosotros, desde la Administración General del Estado, vamos a incidir en que es responsabilidad de la universidad pública mantener todas las áreas del conocimiento. Hay que mantener las Humanidades porque la sociedad las necesita. Necesitamos líderes de pensamiento que ahora no están lo suficientemente ensalzados. Seremos mucho más innovadores si somos capaces de articular la pluralidad de disciplinas que tienen que convivir para generar el conocimiento. Las Humanidades son rentables.
-¿Económicamente?
-Sí, son rentables desde el punto de vista social y económico. Son fundamentales para avanzar hacia el nuevo modelo de Estado. Son las que nos tienen que dar muchas de las claves sobre cómo avanzar hacia un Estado en el que encajen el beneficio social y el económico. Además, las Humanidades sirven para las empresas. En el nuevo modelo de organización empresarial están teniendo un gran impacto. Ideas como la de la conciliación vienen del campo de las Humanidades, no del de las Ciencias.
-Se acaba de ganar a la gente de Letras.
-Es que creo firmemente en este modelo. Hay personas que vienen del mundo tecnológico, tienen gran interés por las Humanidades y pueden ser perfectamente líderes de opinión; y hay personas que vienen de las Humanidades que se han formado en la Ciencia y la Tecnología, y también lo pueden ser. Lo que no se puede es separar. No creo que un humanista que vive aislado en su mundo pueda opinar con buen criterio ni que pueda hacerlo un tecnólogo alejado del pensamiento y las Humanidades
-¿Como se pueden mantener las Humanidades en la universidad?
-Si conseguimos una apuesta de la industria por la universidad porque la considere rentable, podremos preservar las áreas del conocimiento más desconectadas de la actividad empresarial. Esto no quiere decir, ni muchísimo menos, que toda la investigación universitaria sea aplicada. No hay que abandonar la investigación básica. Un grupo de biología molecular básica, el de Margarita Salas, ha puesto en marcha, sin buscarla, una de las patentes más rentables para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
-Lo que demuestra que la investigación básica...
-Es fundamental. La investigación básica es fundamental para la sostenibilidad del conocimiento en el futuro de un país. La importancia de la generación del conocimiento básico la tenemos muy clara en el ministerio.
De la empresa al Gobierno
-Abandonó la investigación por la empresa, ¿nunca se ha arrepentido?
-No, porque he tenido la oportunidad de empujar la investigación desde otro lado, desde el grupo Genetrix. Hemos demostrado cómo a partir de una investigación en un hospital público se puede liderar en Europa un campo como el de las células madre.
-Después de años como empresaria en los que ha intentado hacer ganar dinero a sus accionistas, ahora tiene que trabajar para que a todas las firmas de biotecnología españolas les vaya bien, incluidas las que compiten con las creadas por usted. ¿Cómo lleva este dilema entre sus legítimos intereses privados y sus deberes públicos?
-Evidentemente, no he sido la primera ministra que ha tenido esos potenciales conflictos, ni seré la última. He hecho todo lo que marca la ley, que incluye dejar todos los cargos en las empresas. Está todo establecido para que haya unos mecanismos de competitividad que acrediten cuáles son los mejores proyectos. Los del grupo Genetrix competirán en igualdad de condiciones con todos los demás.