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LA RIOJA
Homenaje férreo a la memoria
El creador Agustín Ibarrola supervisó ayer en El Espolón la colocación de la escultura de acero que ha elaborado en honor a las víctimas del terrorismo
30.05.08 -

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Esta historia comienza un miércoles, cuando un camión cargado con casi veinticinco toneladas de acero sale de Gernika. En su interior viaja una mole de colores anaranjados que recorrerá las carreteras del País Vasco con destino a Logroño. Pero al llegar a Amurrio, la Ertzaintza lo inmoviliza. No puede pasar, normas de la casa.
La escultura que el genial Agustín Ibarrola dedicará a las víctimas del terrorismo en la capital riojana tendrá que esperar un día más para lucir en el lugar del que el artista se enamoró: El Espolón. De hecho, primero eligió el lugar y luego pensó la obra. Mejor el jueves. Parece que alguien sabía que con la granizada que estaba cayendo en Logroño era imposible trabajar. Ibarrola y señora, Mariluz, «la conductora de la casa», regresan al caserío aislado en el que viven. «Quizá mañana sea mejor».
Y así fue. Desde las diez de la mañana, un humilde, afable y serio Ibarrola esperaba ayer su obra en la céntrica plaza logroñesa dispuesto a supervisar la colocación de su pieza homenaje a las víctimas con las que tan comprometido está. A sus 78 años sigue pareciendo el mismo de siempre. El de las fotos, ya que sólo unos afortunados lugareños de San Asensio, donde Ibarrola tiene familia, pueden disfrutar de su presencia a menudo.
«Un muro articulado que da la sensación de algo vivo. Frente a la muerte, la vida; y frente a la tragedia, recordarlas con esculturas creativas», decía ansioso a la espera de que llegase la grúa que colocaría la escultura que hoy todos podemos apreciar. En definitiva, un trabajo de solidaridad con las víctimas y por la defensa de las libertades democráticas para que nadie vuelva a ser víctima del terrorismo y se alcancen las libertades plenas. «Su valor radica en su creatividad, es memoria», decía.
Vivir con escolta
Pero a pesar de estar pendiente de que la escultura llegue «de una vez a Logroño», Ibarrola contaba, en presencia de su amigo Amancio, que viaja mucho a Ávila, donde está la Fundación Agustín Ibarrola. Allí se encuentra realizando un «homenaje a la historia del arte, a lo primitivo». «Estoy pintando piedras de granito allí, y en el caserío me paso todo el día pintando», comenta el autor. De hecho, su mujer dice de él que es «la persona más honesta y más fiel que ha dado este país como hombre y como artista». «Mariluz me dice: Sólo sabes pintar y crear. Y yo le digo: ¿Te parece poco?», sonríe el autor al tiempo que admite, con gracia, que no le ayuda nada en casa».
A pocos metros de él se encuentra «el hada que ilumina su vida», su mujer; y muy de cerca le observa su escolta. Un tema que cabrea al artista, que estuvo preso durante el franquismo, que vive amenazado por ETA y que es autor de lindezas como 'Los cubos de la memoria; 'El bosque de Oma'; 'El bosque de los tótems' e infinidad de pinturas. «Estoy alarmado de cómo vivimos en el País Vasco. Desearía que se solucionase el problema. Ciudadanos y políticos debemos trabajar por ello. Donde hay terrorismo, hay víctimas: directas e indirectas», apunta, al tiempo que admite que ha sentido miedo a lo largo de su vida, «individual e intelectual».
Por su parte, su mujer explica que lleva muy mal lo de vivir con escolta. No entiende cómo en un país con libertad democrática ocurren estas cosas. «Es demencial pensar que tienes la espada de Damocles todo el día encima», asegura. Y es que aquí, dicen los dos, «vivís en libertad». Mariluz ha estado siempre a su lado, desde que lo conociese cuando cursaba pintura. «Se fijó en mí, no era buena y tampoco se me da bien, pero he aprendido a entender a los artistas», dice.
A pesar de que Ibarrola se encuentra inmerso en la conversación, de vez en cuando mira su reloj. La escultura no llega. Está de camino. El montaje será complicado, pero sólo será uno más de los cientos y cientos de trabajos que ha hecho desde que a los dieciséis años comenzase su carrera artística de forma autodidacta. Sin duda, está en plena forma. Si deja de trabajar, Ibarrola no sería capaz de vivir, «porque la creatividad es estar con la vida». Ha visto tantos cambios en la historia de la humanidad que siente que debe crear e inventar para contarlos. «Cuando ya no pueda hacerlo, moriré», añade. Sin duda, Ibarrola, como dice su mujer, no pasea por su caserío con su aureola con la que le ven en la calle. En casa, «es el compañero ideal».
Tras un buen rato de charla, el monumento a las víctimas del terrorismo llega a El Espolón. Comienza el montaje. Los tonos anaranjados comienzan a tomar forma y a tener movimiento propio. Con el tiempo se oxidará, lo que le dará aún más fuerza. Después, pervivirá para siempre; «como las víctimas en la memoria».
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