Eneko Alberdi Laskurain es un ejemplo de mestizaje socio-cultural que traslada con su guitarra y su voz a la música. Nació en Eibar, pero el éxodo familiar a Málaga le llevó a crecer en Andalucía. Más tarde se trasladó a Granada, donde ahora reside, aunque entremedias vivió un periplo catalán determinante en su formación artística. Quizás por todo ello, entre sus muchos proyectos, ahora pone énfasis especial en 'Hegokoak' ('Los del sur'), donde en el euskera aprendido a golpe de empeño pone voz a música de reminiscencias africanas.
Sus padres, Iñaki e Isabel, dos eibarreses de pro, parecen haberle inculcado valores como la sensación de pertenencia a Eibar y el progenitor también su espíritu viajero, del que se imbuyó cuando con apenas dos años la familia emigró a México. «Allí estuvimos un par de años, regresamos, viví en Eibar hasta los 6 ó 7 años y luego bajamos a Málaga, a San Pedro de Alcántara, que es donde continúan mis padres y mi hermano Jon».
Estudió Filosofía en Granada, pero siempre sintió inclinación por la música. «Realmente elegí esa carrera porque me apetecía y era una excusa para leer cosas interesantes, pero nunca pensé en dedicarme a la docencia. Cuando tenía 13 años compré una guitarra, me preparé en el Conservatorio, comencé a tocar a mi aire, luego en algunos grupillos y al acabar de estudiar me fui a Barcelona», apunta acerca de aquel periplo. «Estuve un año en una academia de música, para ordenar un poco mis conocimientos a nivel teórico, y picoteando de todo, tocando con distintos músicos. A la vez trabajaba en un restaurante vasco, porque había que comer y Barcelona es una ciudad muy cara», sostiene. También aprovechó para aprender euskera en la Euskal Etxea. «Los aitas la verdad es que no me habían hablado en euskera, aunque sí los aitxitxas. Durante todos los veranos, Semanas Santas y Navidades íbamos a Eibar o a Zarautz, y sobre todo allí la cuadrilla tenía por primera lengua el euskera, porque muchos eran de Azpeitia, así que aunque me apañaba, quise mejorar. Ya en Granada recibía clases de una chica de Ordizia, pero en Barcelona me metí más a saco».
Al cabo de cinco años decidió regresar a la ciudad de La Alhambra, donde comparte piso con dos compañeros. «Quería llegar a un sitio donde ya la gente me conociera y poder dedicarme a la música, porque en Barcelona está muy crudo el asunto y se paga muy poco. En cambio en Granada tenía amigos y el camino allanado», de manera que regresó, subraya, «con la intención de trabajar un par de años para hacerme un 'currículum' y quizás luego irme a cualquier otro sitio». «Es lo que he hecho -añade- y, aunque hace sólo seis meses que regresé, creo que he acertado».
Muchos proyectos
De momento se han cubierto sus expectativas. «No me está faltando el trabajo y además estoy entrando de lleno en la docencia, porque incluso me han llamado del Conservatorio para hacer allí algún seminario de jazz. Es lo que buscaba», se complace. Su radio de acción es amplio, pues además de Hegokoak, su proyecto estrella, toca en un grupo de jazz (Guru Trío) en un local granadino y por todo el sur. «Luego está Zur, una historia más comercial junto a un cantante de Marbella para tocar durante los veranos, e incluso comparto otro proyecto con un músico que toca algo así como reggae con estilo tirolés, pero son cosas más ocasionales», indica.
Su abanico de posibilidades es amplio. «Lo que me gusta es el rock, el blues, el jazz y el rollito afro me viene de haber tocado con muchos brasileños. Hoy en día hay muchas influencias musicales, tal y como está circulando todo, y mi único criterio es que se trate de música de calidad, por encima de estilos; que esté bien hecho».
De momento ha participado en dos discos con los catalanes Planeta Imaginario y ahora ha grabado media docena de canciones, además de un montaje de vídeo, con la formación granadina de Hegokoak. «Cuando tengamos el disco grabado me tocará hacer el trabajo de promoción y tratar de buscar conciertos por ahí para intentar lanzarlo».
Planes de futuro
Su relación con Eibar, a pesar de todo ello, siempre ha estado latente. «A San Pedro de Alcántara sólo voy para ver a mis padres. Allí no he enraizado bien. Granada es una ciudad que me encanta y con mucha gente de ida y vuelta, muy abierta a nivel cultural. Pero aunque voy de aquí para allá, si tengo un sitio de referencia a la hora de moverme ése es Eibar, y supongo que igual en el futuro me iré a vivir ahí, o a algún punto de Euskadi. Para mí es como un centro de gravedad, un suelo sobre el que pisar».
Si alguna vez se le olvida, ahí está su padre para recordárselo. «Es lo más eibarrés que hay y siempre me dice que tengo que hacer una canción que hable de qué se puede sentir al no ser de Eibar. Mi vínculo siempre ha estado ahí».