La doctora argentina Irene Scheimberg es una prestigiosa pediatra patóloga que desde ayer participa en Logroño con tres ponencias en el VII Curso sobre Patología Forense que organizan la Consejería de Salud y el Instituto de Medicina Legal de La Rioja, al que asisten 160 médicos forenses. Esta profesional, madre de un niño de 12 años, comenzó la carrera de Medicina en su país, la terminó en la Complutense, de Madrid, y por motivos familiares acabó recalando en Londres donde vive desde hace 21 años. Desde hace once es la responsable de la patología pediátrica y perinatal del Royal London Hospital y una especialista en autopsias de niños.
-Un campo excesivamente duro para una madre...
-Bueno, en realidad es al contrario, porque nosotros somos la última esperanza que tienen las madres de esos niños que se mueren durante el embarazo, el parto o los primeros meses de vida. Si no estuviéramos nosotras para investigarlo y darles unas respuestas, se encontrarían en una situación muy desesperada. Desde luego, para mí lo importante de este trabajo, desde el punto de vista emocional, es que puedo ayudar a unos padres en el momento más dramático y más terrible de sus vidas. Porque no hay nada peor que perder un hijo, y yo soy la última esperanza que tienen de entender qué paso y cómo pasó, y en muchos casos de darse cuenta de que no ha sido culpa de ellos. Esa es una de mis funciones.
-¿Y cómo encaja la madre, la pareja, esa explicación?
-Cuando uno está de duelo la información tarda mucho en penetrar, pero la tienen y pueden volver sobre ella pasado cierto tiempo. Es muy importante para ellos, de cara a posteriores embarazos, saber que el fallecimiento del bebé no obedeció a una enfermedad congénita, que no fue como consecuencia de una infección que podía haberse tratado o que no tuvo nada que ver con una enfermedad metabólica. Y es que, a veces, hasta las respuestas negativas ayudan.
-¿Le viene a la cabeza algún caso?
-Sí, el de una mujer con una enfermedad autoinmune que se quedó embarazada, no tomó la medicación y sufrió una muerte fetal a las 35 semanas. Le expliqué qué había sucedido, como combatir un nuevo embarazo, y a los dos años me mandó una foto de su hijo que hoy tengo en el despacho.
-Las autopsias a niños lactantes que han fallecido de muerte súbita la convierten en una autoridad en este terreno, ¿hacia donde apuntan las estadísticas y los análisis de las dos últimas décadas?
-A principios de 1990 se hizo un estudio epidemiológico en Nueva Zelanda y se recomendó a los padres poner a dormir a los niños hacia arriba. La sugerencia no pudo resultar más positiva, pues se produjo una disminución dramática de los casos de muerte súbita. Lo mismo ocurrió luego en el Reino Unido y en España, donde aplicando la misma consigna se consiguió rebajar notablemente el porcentaje de muertes súbitas.
-A día de hoy, ¿qué novedades se han producido o qué hallazgos se han hecho en relación con este síndrome?
-Lo que sí hemos podido comprobar es que muchos de los niños que han sufrido la muerte súbita del lactante, son bebés que habían pasado su buen tiempo en la cama con los padres, generalmente en invierno, y con mucho abrigo. En general son niños menores de cuatro meses.
-Por lo tanto, las recomendaciones...
-Las recomendaciones son de que el niño duerma por la noche en su cuna y no se quede en la cama de los padres después de darle de mamar, porque, entre otras razones, los bebés no regulan bien la temperatura. Hay niños que maduran más tarde que otros y sus sistemas de reacción al calor y al frío son diferentes. El problema es que no sabemos cuáles son maduros y cuáles no.
-¿Y al margen de ello, qué más sugiere?
-Que a los niños se les ponga a dormir con la cabeza al descubierto, con menos abrigo que a los adultos y, desde luego, sin almohada ni edredones hasta que no hayan cumplido un año.
-En síntesis...
-Lo que creemos es que en la muerte súbita interviene un problema como la regulación de la temperatura. Un bebé de tres meses en la cama de los padres, con el calor que éstos despiden, las mantas encima y si encima la pareja fuma... todo ello hace que el niño sea más vulnerable.
-Se ha referido al tabaco, ¿es tanta la importancia?
-Desde luego es un factor que contribuye a que el pequeño madure antes o después. Mi mensaje es que las mujeres no deben fumar durante el embarazo, como tampoco deben hacerlo quienes vivan en la misma casa con la señora embarazada. Y una vez que nace el pequeño hay que prescindir de fumar en su presencia porque el humo les afecta mucho más que a los adultos.