«Han puesto un coche bomba cargado con una cantidad sustantiva de explosivos en la puerta de una casa cuartel en la que, en ese momento, se encontraban 29 personas, de ellos cinco niños y una joven de 18 años. ETA buscaba una masacre». Minutos después de visitar la casa cuartel de Legutiano, Alfredo Pérez Rubalcaba se mostró así de rotundo a la hora de valorar el atentado que la banda terrorista cometió en la madrugada de ayer. El titular de Interior, no obstante, advirtió a la organización criminal que «se equivoca» si piensa que va a «asustar» a las fuerzas democráticas con acciones de estas características, y recordó que las fuerzas policiales tienen hoy «un aliciente más» para detener a los autores.
Las primeras palabras del ministro, que también se reunió con mandos de la Guardia Civil que trabajan en el caso y con el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, fueron dirigidas a expresar su solidaridad hacia la mujer y el hijo de seis años de Juan Manuel Piñuel. Rubalcaba extendió sus palabras de afecto a los cuatro heridos y sus familiares, todas las familias que vivían en la casa cuartel y, en términos generales, para todo el cuerpo de la Guardia Civil.
Rubalcaba subrayó que el atentado de Legutiano es una acción «especialmente dolorosa y malvada» por tener como objetivo un edificio donde viven familias y niños. Según dijo, ETA «ha dado un paso más» en su distanciamiento de cualquier persona de «buena voluntad» por la naturaleza «indiscriminada» del atentado y «los niños a los que podía haber matado». Asimismo, recalcó que «si uno pone una bomba cargada de explosivos frente a una casa cuartel está pensando en producir una masacre», y por lo tanto la organización terrorista «ha fracasado en su intento, pero no del todo porque ha matado a un inocente».
Después, el ministro lanzó un mensaje contundente a ETA: «No sé si alguien en la banda terrorista piensa que este tipo de atentados nos asustan y nos amedrentan. Si lo piensa, está muy equivocado porque hoy tenemos un aliciente más para perseguir a los asesinos de Juan Manuel y poder decir un día, más pronto que tarde, a su mujer e hijo que el asesino de su marido y padre está detenido», lanzó, antes de añadir que los autores del ataque a la casa cuartel son, «probablemente», los mismos que han cometido atentados «en Euskadi y La Rioja» durante los últimos meses.
«Vendidos en Euskadi»
Mientras tanto, agentes de la Guardia Civil que, como Juan Manuel Piñuel, trabajan en Euskadi y Navarra para obtener el denominado 'derecho precedente' -una norma interna que otorga preferencia a la hora de escoger destino- acogieron ayer la noticia con tristeza y resignación. «La vida de los guardias civiles en el País Vasco es muy dura. Te sientes vendido en cuarteles viejos e inseguros. Vives ocultando lo que eres y sólo piensas en cumplir los 36 meses para poder volver a casa. Todo el mundo sabe lo que eres y no tienen ningún contacto contigo. No son malas personas, pero tienen miedo», explica un agente que prefiere guardar el anonimato.