
-¿Recuerda la primera intervención que atendió en Vista Alegre?
-Fue a Pepe Luis Martín. Una cornada muy aparatosa. Sangraba mucho de la pierna. (Suena su móvil con un politono que reproduce el sonido de los Timbales y Clarines de La Maestranza de Sevilla -«me encanta», subraya- para avisarle que debía realizar una operación urgente de apendicitis).
-Decía que atendió a Pepe Luis.
-Llegó en muy mala situación. Perdía muchísima sangre. Estaba hipotenso, muy hipovolémico (el corazón es incapaz en esos casos de bombear suficiente sangre al cuerpo)... Aunque, afortunadamente, la cornada luego no resultó tan grave.
-¿A qué altura le cogió?
-Le pilló la vena safena (la más larga del cuerpo humano; comienza en el pie y termina en la ingle). El toro se la desgarró completamente. No fue la más fuerte, pero sí la cogida más aparatosa.
-¿Y la más peligrosa?
-Ocurrió estando mi anterior jefe, el doctor Juan Manuel Martín. Fue un domingo de la Semana Grande. Aquel día tuvimos una operación simultánea. Estábamos atendiendo a Juan Cuéllar tras embestirle el sexto toro de Palha. Recibió un golpe brutal en el cuello. Muy mala. El mismo animal corneó después en el abdomen al banderillero 'El Formidable'. Acabó con la costilla destrozada. Peor aún.
-¿Muy grave?
-Hubo que hacerle una resección intestinal. Gracias a Dios que se trataba de un hombre fuerte, grueso que diríamos. Si llega a ser Cuéllar, que estaba mucho más delgado, le atraviesa como una banderilla. Otra espectacular por su aparatosidad fue la de El Juli.
-¿La que le rajó el labio?
-¿Terrible! Le suturamos en la enfermería. Le dejó el labio superior abierto como un libro. Ha habido mucho, pero...
-¿Cuánto tiempo lleva en Vista Alegre?
-Creo que esta va a ser la cuarta temporada como jefe pero en la plaza llevo... ¿ya ni me acuerdo! Llevaré treintaitantos años. Iba ya con mi padre, que fue también jefe, después de Vicente San Sebastián, cuando venía de vacaciones. Estudié Medicina en Valladolid y la semana Grande me llevaba a la enfermería. Yo entré con el equipo del doctor Corcóstegui, seguí con Martín y cuando se jubiló este, pasé yo. Se sigue un poco la tradición.
-¿Se crean estirpes de médicos?
-Es una tradición que se mantiene en la mayoría de las plazas españolas. En Sevilla, por ejemplo, estuvo Ramón Vila y ahora permanece al frente Ramón Vila hijo. En Madrid fue Máximo García La Torre, y ahora la lleva Máximo García Padrós. En Zaragoza están los doctores Valcarreres...
-¿No le tiemblan las manos cuando le llegan los matadores?
-En absoluto. Para nada.
-¿Qué cornadas son las peores?
-Las que afectan a los vasos sanguíneos, las arterias y las venas. Son muy graves también las del cuello, porque está la carótida y la yugular, las cornadas del tórax, del corazón... Y siempre son peligrosísimas las que afectan a la columna. Acuérdese de Julio Robles, que quedó paralítico por las consecuencias del golpe.
-¿Por qué los diestros se recuperan de forma tan rápida? ¿Asombran!
-Porque es gente muy sana que está muy preparada y porque tiene que torear.
-Son lesiones gravísimas que a cualquier paciente le llevarían semanas de rehabilitación
-¿Ellos quieren torear cuanto antes! Muchas veces les solemos decir: 'Mire, con esta cornada descanse un mes por lo menos'. Te dicen que sí y te enteras que a la semana han salido incluso hasta con puntos en la plaza de no sé dónde.
-¿Los contratos les aceleran el ansia por volver?
-Pues sí. Deberían aparcar un poco la valentía para evitar posibles recaídas. Tratar a esta gente es muy difícil.
«¿He cortado dos orejas!»
-¿La ambición por el triunfo es fuerte?
-A Tomás Campuzano le cogió un toro. Pues bien, acabó cortando esa tarde dos orejas a un 'miura'. Antes de dormirle, cuando la cogida del labio, El Juli gritaba en el quirófano: '¿He cortado dos orejas, he cortado dos orejas en Bilbao!' Era todo carácter.
-Y valentía.
-No sólo eso. Antes de anestesiarle quiso verse en el espejo del baño para saber lo que le había hecho el toro. ¿Hay que tener mucho valor para hacer eso!
-Durante la corrida, ¿pone el ojo en el toro o en el torero?
-En los dos frentes. Muchas veces, cuando veo un toro peligroso me fijo en cómo anda el torero.
-¿Por qué?
-Porque intuyes que le va a coger.
-¿Se lo huele?
-Presiento muchas veces a los toros malos. Gracias a Dios, no he acertado muchas veces. Ves toros muy peligrosos y toreros que, sin embargo, siguen insistiendo al animal que sabes que en cualquier momento le puede dar una tarascada ... ¿Sí es que lo ves!
-¿Cómo se comportan los toreros en la enfermería?
-Hay de todo. Aunque tienen muchísimo más miedo a que les pongas una inyección del tétanos o un analgésico intramuscular que a la cornada. Cuando nos llegan a la enfermería vienen entregados.
-¿Las enfermerías de los recintos taurinos son de fiar?
-De las que conozco, desde luego que sí. Nuestras instalaciones de Vista Alegre son de primera, con dos quirófanos perfectamente montados. Igual que puede haber en una clínica o un hospital.
-¿Tragedias como las de Paquirri pueden volver a repetirse?
-Aquella cogida fue muy grave. Se dice que si hubiese ocurrido en otra plaza no hubiese pasado lo que pasó. Pero también hay que ponerse un poco en el momento, en el sitio... ¿entiende lo que le quiero decir?
-¿Que hay plazas de tercera?
-La muerte de Paquirri sirvió de revulsivo a ciertos cosos. Hoy ya hay muchas UVI y quirófanos móviles.
-¿Por qué no se manda a los matadores a un un hospital?
-¿Para qué estamos entonces nosotros allí!
-Se supone que los grandes centros dispondrán de más y mejores medios.
-Tenemos nuestros quirófanos y, precisamente, somos cirujanos taurinos. Es nuestra especialidad: la cirugía taurina, que, evidentemente, no es como la cirugía habitual. Un cuerno tiene un orificio de entrada pequeñísimo, pero por dentro provoca grandes destrozos.
-¿Y?
-Que hay que saber explorarlos y cerrar adecuadamente las lesiones. Hay heridas que hay que abrirlas mucho más porque tienen una cornada más profunda. Y si la cogida es gravísima, se le manda a cualquier hospital. Todas las ciudades cuentan hoy con un centro hospitalario de referencia.
-En su especialidad, ¿se requiere rapidez?
-Es lo fundamental. De hecho, por eso lo hacemos en la misma enfermería. Es una cirugía de urgencia que exige inmediatez.
«Cornadas envainadas»
-Son lesiones muy llamativas por la sangre que se derrama.
-Sí, sí. Habitualmente son aparatosas. Pero luego están las cornadas cerradas o envainadas. Sin tener agujero en la piel, producen por dentro un destrozo similar a que si le hubiese metido el cuerno. No siempre tiene que haber sangre.
-Fuera de las plazas, a ¿qué se dedica?
-Soy cirujano general y digestivo.
-¿Joselito ha sido su torero preferido?
-Me ha gustado mucho. Ahora mi preferido es Enrique Ponce, y también está El Juli. Hay un escalafón actual muy importante.
-¿Y de las nuevas generaciones?
-Hombre, está Perera, Talavante, que no acaba de romper, Castela...
-¿Se ha puesto delante alguna vez de un toro?
-¿Nooo! No me pongo ni delante de una vaquilla. Coincidiendo con el congreso de la Sociedad de Cirugía Española, estuvimos en la finca de Manuel Caballero y sacaron unas vaquillas. Me decían: 'El presidente, el presidente, que salga el presidente'.
-¿Y qué hizo?
-Yo les contesté: 'El presidente no sale. No ha salido en su vida y no va a salir ahora'.








