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Cultura

TEATRO
Pasatiempo
10.05.08 -

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El comediógrafo Feydeau (1862-1920) cierra un ciclo del vodevil, tras Scribe o Labiche. Hacían sátira de costumbres urbanas en la Belle Époque parisina y europea. Contra el teatro solemne, o el glamour a la moda, escrutaron sin acritud la vulgaridad de la nueva burguesía, su ridículo, su banalidad. Recogen tipos y localizaciones de la comedia italiana, y de ellos heredarán muchos autores del XX.

El próspero fabricante de orinales espera en casa una visita de negocios que fracasa sin remedio por la contumacia de un niño estreñido, una esposa patosa, y la torpeza de todos a la vez. La anécdota es breve, con ingenio verbal, y una trama a pedacitos que podía ser un libreto 'de situación' en TV.

Nuria Espert compone su tipo -la mamá posesiva y grotesca- como ejercicio de estilo. Es una gran trágica, sin duda, y a veces fuerza el registro cómico tanto como quiere que se esfuerce Totó en lo suyo. Están bien en especial Bosch y Pozzi, y el pretencioso salón de aire expresionista logra la ambientación. Se deja ver, y tan escatológico asunto sabe a poco, aunque esté mal el decirlo.
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