
La capilla ardiente de Calvo Sotelo, instalada el domingo en el Salón de los Pasos Perdidos del Parlamento, cerró a las nueve de la mañana. Las principales autoridades del Estado y cientos de ciudadanos acudieron hasta entonces al velatorio en un goteo constante para dar el último adiós al ex presidente y transmitir sus condolencias a la familia. Minutos antes de su clausura, la viuda, Pilar Ibáñez-Martín, y los hijos de Calvo Sotelo, que se turnaron durante toda la noche en la capilla, se acercaron al ataúd para verle por última vez y decirle adiós.
La urna de color marrón, cubierta con la bandera roja y gualda, fue sacada a hombros del Congreso por la puerta de Los Leones al son del himno de España. Un grupo de militares portó el féretro y lo depositó sobre un armón. Ya en el exterior, las autoridades, allegados y ciudadanos guardaron un minuto de silencio y una escuadra de honores formada por militares de Tierra, Mar y Aire, y de la Guardia Civil, desfiló ante el féretro, que fue conducido a continuación a la plaza de Neptuno, donde hubo un toque de oración y salvas de honor.
Los restos del ex presidente fueron introducidos después en un coche fúnebre que los trasladó hasta la base aérea de Torrejón de Ardoz, donde fueron embarcados en un avión del Ejército del Aire que los llevó hasta el aeropuerto de Asturias. Desde allí, un coche fúnebre se encargó de conducirlos hasta el municipio lugués de Ribadeo, al que el fallecido estaba muy vinculado y del que era alcalde honorario, para recibir sepultura.
Aplausos
El presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, presidió en Ribadeo la recepción del féretro que, pasadas las tres de la tarde, quedó expuesto en el Salón de Plenos del Ayuntamiento. Previamente, la comitiva había recorrido, en un itinerario emocionante, algunos de los lugares más unidos a la memoria de Calvo Sotelo, como la avenida que lleva su nombre y las proximidades de su casa, cerca del puerto. Un millar de personas que esperaba la llegada de su vecino «más ilustre y al que gustaba pasar desapercibido», según le recordaron algunos habitantes, aplaudieron mientras el ataúd era introducido en el edificio al son del 'Requiem' de Mozart. Pérez Touriño le describió como «un gallego de sentimiento y de vocación, que supo defender la libertad y la democracia» en momentos difíciles.
La comitiva fúnebre estaba formada por familiares del fallecido, entre ellos su sobrina la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, y por autoridades como la presidenta del Parlamento gallego, Dolores Villarino; el delegado del Gobierno, Manuel Ameijeiras, y el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez. La capilla ardiente en el Ayuntamiento se cerró a las seis de la tarde. A continuación, el féretro fue llevado a hombros hasta la iglesia parroquial de Santa María do Campo, donde se ofició una misa funeral.
Una vez allí, el tema 'Negra sombra', basado en un poema de Rosalía de Castro, fue interpretado al órgano para honrar la llegada de los restos del ex presidente, a quien el obispo de Mondoñedo-Ferrol, Manuel Sánchez Monge, definió como «un ejemplo» en la lucha por lograr «condiciones de vida dignas para todos» «y en unas circunstancias nada fáciles». «Propició la reconciliación y el diálogo entre unos y otros», además de trabajar «para que se llegara a pactos que mejoraran la convivencia de todos», subrayó.
Después, Calvo Sotelo fue enterrado en el cementerio municipal, en el panteón familiar donde también descansan sus padres. El PP de Galicia ha pedido al Gobierno autonómico que otorgue al ex presidente la Medalla de Galicia, porque «se merece el más alto reconocimiento del Gobierno gallego».








