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ANÁLISIS
La fascinación hipnótica
06.05.08 -

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La fascinación hipnótica
UNIDOS. Sarkozy y Bruni, en una reciente visita a Cartago. / AP
Si pensamos en el presidente Nicolas Sarkozy, tendemos a hacernos la siguiente pregunta: ¿es realmente lo que Francia quiere, teniendo en cuenta las críticas que suscita entre sus conciudadanos un año después de asumir el cargo? Y la respuesta cambia radicalmente con cada nuevo giro sorpresivo de su política, con las adhesiones y rechazos que esta provoca y con la fascinación mediática que genera el presidente francés y que Ignacio Ramonet define como «una admiración fuera de lo normal, reverenciosa, estática, obsequiosa, obscena».

Sarkozy ha vivido un año de sobresaltos, vertiginoso a la par que decepcionante, que se inició con la victoria electoral del 6 de mayo de 2007 y su investidura como presidente de la República francesa diez días después, y que ha tenido de todo. Victoria en las legislativas de junio de 2007, liberación de enfermeras búlgaras y médico palestino encarcelados en Libia desde 1999, controvertido 'paquete fiscal' que beneficiaba a los contribuyentes más ricos, reforma de los regímenes especiales de jubilación, huelga en los transportes públicos, divorcio de Cecilia Sarkozy, apoyo de los 27 en Bruselas a su Tratado simplificado para relanzar Europa, proyecto de ley sobre gestión de la inmigración y su polémico test de ADN, liberación de azafatas españolas retenidas en Chad, visita polémica del líder libio Muamar el Gadafi, cumbre UE-África, rumores de noviazgo con Carla Bruni y posterior matrimonio en el Elíseo, visita al Papa Benedicto XVI en Roma, propuestas para liberalizar el crecimiento de la economía francesa elaboradas por el economista y asesor del presidente Jacques Attali, gestiones para la liberación de la franco-colombiana Ingrid Betancourt, el «lárgate, pobre gilipollas» del Salón de la Agricultura de París, derrota en las elecciones municipales, regreso de Francia al mando militar de la OTAN anunciado en la Cumbre de Bucarest, enfrentamiento con China por las revueltas de Tíbet y otras muchas «actuaciones efectistas».

Sin embargo, este frenético período no ha dado soluciones a los principales problemas del país: déficit público galopante, crecimiento económico estancado, déficit comercial histórico, inflación que absorbe los insuficientes aumentos de sueldos y jubilaciones, estancamiento del poder adquisitivo y reducción de la protección social.

En el cuarenta aniversario del Mayo del 68, tan denostado por el actual presidente francés, Francia, como Europa en general, es un continente dominado por la derecha política, lo que no es bueno ni malo en sí. Los franceses optaron hace un año por esta opción y ahora parecen cambiar de preferencias tal y como han manifestado las últimas elecciones municipales. Sarkozy deberá, en los cuatro años que le quedan de mandato, hacer algo más que calificar de «escorias» a los habitantes de las periferias de sus ciudades. Quizás debiera comenzar con un baño de modestia, flexibilidad y realidad inspirada en esa izquierda que su gobierno ha asimilado.
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