
Por territorios, Álava bajó la media vasca con un escaso 12%: sólo una docena de los 103 conductores sometidos al test dieron positivo. Un porcentaje reducido en relación al 49% de Vizcaya (78 positivos de 189) y el 43% de Guipúzcoa (72 de 166).
La mayoría de estos controles se realizaron los fines de semana y en zonas potencialmente peligrosas, como los alrededores de discotecas o lugares de alterne. No obstante, también se están empleando en la investigación de accidentes de tráfico, cuando se cometa un infracción grave o los agentes detecten la presencia de síntomas de consumo de sustancias en el conductor. El pasado lunes, sin ir más lejos, un varón de 29 años fue detenido tras dar positivo en el test de droga al verse involucrado en un accidente entre dos turismos y un camión en la N-I, en Andoain, en el que una mujer resultó herida.
El automovilista que da positivo en un test de droga se expone a una sanción administrativa que puede acarrear una multa de hasta 600 euros, la pérdida de seis puntos del carné y la retirada del permiso durante tres meses. Negarse a realizar la prueba también tendría el mismo castigo. Asimismo, «si se determina que la droga repercute en la conducción» -añaden desde Interior-, podría considerarse un delito castigado con penas de 3 a 6 meses de cárcel, una cuantiosa multa y trabajos en beneficio de la comunidad, según la última reforma del Código Penal. El infractor, además, perderá el permiso de conducir por un tiempo mínimo de un año y un máximo de cuatro.
Desde noviembre, el test que usa la Ertzaintza es el mismo que utilizan los Mossos de d'Esquadra y la Policía del Reino Unido. Consiste en la recogida mediante un bastoncillo de una muestra de saliva del conductor que es mezclada con una solución líquida reactiva. Posteriormente, se somete a un examen indicativo sobre una placa que revela si el conductor ha consumido algún tipo de droga durante las últimas horas. El método es capaz de detectar cinco grupos de sustancias tanto estimulantes como estupefacientes: cannabis (THC), opiáceos, cocaína, éxtasis y anfetaminas.
Análisis posterior
«Se trata de una prueba orientativa. Lo que se utiliza para sancionar siempre es el posterior análisis de sangre que confirma ese positivo», aseguran fuentes de Interior. Hasta el pasado mes de marzo, la Ertzaintza derivaba la realización de la prueba definitiva a los laboratorios de la UPV. Ahora, la Policía científica vasca cuenta ya con cromatógrafos que permiten valorar como definitiva la prueba preliminar.
Si el primer análisis sale positivo, el vehículo se inmoviliza y los agentes obtienen una segunda muestra de saliva que será la que se remita al laboratorio de la Policía científica de la Ertzaintza y cuyo resultado tendrá categoría de prueba para tramitar la multa.
Como ocurre con el alcohol, la droga es un importante factor de riesgo en los accidentes de tráfico. Según datos del Instituto Vasco de Medicina Legal, de las 67 autopsias realizadas en 2006 a conductores fallecidos en accidente de tráfico, 11 arrojaron resultados positivos en el consumo de drogas, una cifra que representa un porcentaje del 16,5% de los siniestros mortales en carretera.
El efecto de las drogas en los conductores es diverso dependiendo de la sustancia ingerida. Las sustancias depresoras del sistema nervioso, como los opiáceos o el cannabis, «disminuyen la capacidad de reacción, su nivel de concentración y sus reflejos». A su vez, drogas estimulantes como la cocaína, las anfetaminas o el éxtasis generan en el conductor «una falsa sensación de control que va acompañada de descoordinación y dificultades para ver y oír». El consumo de alucinógenos, como el LSD, «modifican la percepción de la realidad y produce visiones imaginarias al volante».








