
Ingresado en el hospital, el académico no pudo acudir al acto, lo que tiñó de tristeza una jornada en homenaje a una persona que, como afirmó ayer Rafael F. de Carranza, presidente de la sociedad cultural, «ha sido todo para Landázuri». Su compañero de Academia, José Luis Lizundia, con quien ha trabajado en la última singladura de la institución, expresó su abatimiento por la triste noticia. Knörr ha sido, desde sus 29 años, académico de Euskaltzaindia, y ha ocupado entre otros los cargos de tesorero, secretario y vicepresidente. Su último puesto fue el director de Investigación. Para Lizundia, Knörr era un hombre totalmente entregado, «cariñoso, liberal, leal a la institución de la Academia y leal al país», afirmó en declaraciones a este periódico.
Hombre de una cultura amplia y bien fundada, dominaba varias lenguas en las que hablaba, escribía y planteaba ideas y discursos. Además de catedrático y académico, participaba de forma activa en numerosas instituciones culturales, como Sancho el Sabio, Eusko Ikaskuntza o la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.
Aunque nacido en Tarragona en marzo de 1947 -escribía habitualmente en catalán en los periódicos, orgulloso de su origen, así como de los genes alemanes paternos-, cuando tenía siete años, su familia se instaló en Vitoria. Esta ciudad se convirtió para Knörr en el centro de operaciones de una amplia actividad en los campos de la lingüística, la etnografía o el patrimonio. Fue el primer vicerrector del campus alavés de la UPV. Pero también destacó como persona activa en la difusión de la cultura, dado que ha sido uno de los articulistas más incisivos en el planteamiento de cuestiones de especial relevancia en el País Vasco. En muchos casos, como cronista de guardia, ha estado atento a puntualizar excesos o despropósitos, pronunciados aquí y allá, y sobre los que nadie ponía autoridad.
Knörr estudio Filosofía en la Universidad Complutense y se doctoró en la Universidad del País Vasco bajo la dirección de Koldo Mitxelena, quien tenía un gran aprecio por su trabajo intelectual. Como era habitual en él, tenía muchos proyectos abiertos. Además del fundamental de recuperar su salud, proyectaba escribir un trabajo sobre José Miguel de Azaola y el País Vasco para el libro conjunto que promueve la Academia Vasca de Derecho, presidida por el doctor Adrián Celaya, quien ayer expresó su dolor y su sentimiento por la pérdida de un amigo y un hombre dedicado enteramente a la cultura vasca.
Atxaga, «acongojado»
Su fallecimiento ha llenado de dolor al mundo de la cultura. El escritor y académico vasco Bernardo Atxaga expresó a este diario la «gran congoja» que sintió al conocer la triste noticia. «Encontrarme con Henrike por las calles de Vitoria o en las reuniones de la Academia era una alegría», afirmó desde Reno, en Nevada. Se da la circunstancia de que, poco antes de serle detectada la enfermedad, Knörr había conseguido una beca para preparar un libro sobre onomástica en la Universidad de este mismo estado norteamericano. «Era un hombre distinto, culto y cercano a la vez, una de esas personas que da un país sólo de vez en cuando, amante del euskera y de la cultura vasca. Miembro activo de una sociedad, era difícil encuadrarle en un marco concreto. Él era Henrike Knörr», concluyó el escritor.
Otra de las tareas a la que dedicó mayor empeño fue la dirección y edición de la revista 'Landázuri'. Al mismo tiempo, Knörr ha sido el escritor que surtía la página que todos los lunes dedica EL CORREO de Álava al patrimonio. En ella reivindicaba valores, edificios y gentes de la cultura que han tenido significación.






