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Bilbao Basket

IURBENTIA 89 - MANRESA 77
A Europa en clase 'business'
El iurbentia peleará por el título y asegura su plaza para competición continental en una campaña histórica e imborrable, que ha sido posible gracias a una plantilla de oro molido

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A Europa en clase 'business'
FIESTA. La plantilla del iurbentia Bilbao Basket al completo bailó sobre el parqué de La Casilla, al que retornó tras visitar el vestuario ante la insistente petición de sus inmensamente felices aficionados. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: FERNANDO GÓMEZ Y BORJA AGUDO
Bendita la hora en la que alguien creyó en este proyecto. Loada la idea de todos los que apostaron ocho años atrás por enrolarse en una singladura incierta, en la que se prometían aventuras a mil a quienes decidieran embarcarse. Las aguas eran entonces procelosas, carecían de visibilidad, castigadas por corrientes convertidas en potenciales trampas. El espíritu emprendedor ha resultado contagioso y ayer hubo reparto de dividendos. Aunque el baloncesto en Vizcaya sigue teniendo su puntito canalla -léase bohemio-, lo abandera una franquicia que ha superado todas las cribas imaginables, sociales y deportivas, hasta alzar la voz y proclamar a los cuatro vientos: «Europa, allá vamos». Y en clase 'business', por méritos evidentes y por ser de Bilbao, que siempre es un plus.

Era la primera vez que el Bilbao Basket podía certificar su condición de aspirante al título de liga en su cancha y no perdonó. Acabó de un estoconazo con el Ricoh Manresa, pese a que la faena no destacara por su lucidez. Huertas y Salgado adornaron la lidia, Paco Vázquez y Savovic orlaron sendos quites y Lewis y Recker arrancaron las ovaciones en el tercio de banderillas. Pero era el del Bagés un morlaco con mucho peligro, con indicios de haber sido ya toreado y con unos derrotes que se les ponían de corbata al más valiente. Se esperaba un poco más de aplomo para aguantar las embestidas. Pero los pívots locales fueron presa de diversos males. Weis desdibujado, Banic maniatado por las faltas y Pasalic despistado. Tanto que Ilic aprovechó muy bien sus tardíos minutos.

Pero no debe ser el de ayer un partido que caiga en el análisis táctico por encima del componente sentimental. Con todo lo que había en juego, con las ansias por cruzar la meta sin dilación, incluidas las ganas de agradar, la hora de la verdad emergió trompicada. La historia espera al iurbentia a la vuelta de un suspiro. El futuro de los hombres de negro se escribía a cuarenta minutos vista. Hay voluntarios para caligrafiar doce tochos. Pero con las prisas, algunos renglones salieron torcidos. Una insignificancia en el compendio de páginas que han acabado en imprenta. Había que ganar sí o sí y en ello se esmeraron los de Vidorreta tras recomponer su vestuario, rasgado por la cercanía de los afilados pitones manresanos.

De carrerilla

Así, Salgado asumía su condición de anfitrión, capitán, base y buen jugador para engarzar ocho puntos seguidos y una asistencia al favorecerse de la compañía en pista de Huertas, su alter ego, perfectamente entendible como su alma gemela. ¿Quién dijo que la competencia todo lo destiñe y marchita? En el iurbentia hay excepciones a granel. Fue combustible enriquecido para el motor de la nave bilbaína, que se alejó de su hangar casi sin tiempo para que se visualizara su estela. Las cosas de los biocarburantes, tan ecológicos ellos.

A partir de ese tercer cuarto explosivo, el Bilbao Basket concentró sus virtudes, las que le han convertido en uno de los empollones de la clase. A ritmo de sotamano, todos sumaron a la causa. Algunos más, sí. Pero por encima de la identidad destacaba la intensidad. Los 58 segundos que cerraron el acto fueron una 'delicatessen'. Acciones cuajadas hasta conseguir una textura inverosímil por su cercanía al paladar y la complejidad de su creación. A modo de telegrama lo que pasó fue un robo de Lewis que propicia una canasta de Ilic con tiro adicional que el serbio falla, pero que a su vez propicia un rebote en ataque que Lewis convierte en puntos antes de retomar su posición en defensa para colaborar en un dos contra uno que provoca otra recuperación saldada por Paco Vázquez al contragolpe... En las instrucciones debería figurar el consejo de leerlo todo del tirón, sin pausas ni respiraciones, tal como ocurrió sobre el parqué.

Por mucho que Rafa Martínez, además de gran amigo del añorado Rubén Quintana, sea un excelente escolta tirador que podrá empapelar su apartamento con las ofertas que ya le están llegando, la suerte manresana estaba decretada. Cuando el iurbentia se desmelena no hay gomina, gel o ungüento fijador que pueda domar su cabellera. Un aviso que no debería caer en saco roto para sus potenciales rivales en el 'play-off'. Sí, porque La Casilla abrirá sus puertas para recibir al menos un partido entre rivales que buscan la máxima gloria, el título liguero. Qué placer supondrá vivir esa experiencia. Lo mismo que surcar el cielo europeo -«en mosquito no, gracias», dice la plantilla- en busca de nuevos horizontes para un club que se parece a la tierra a la que representa. Sigue buscando respuesta a la gran pregunta. Ya saben, la del límite.
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