
El jefe del Ejecutivo autónomo compareció en la sede de Lehendakaritza junto a Wangchem. Tras mantener un encuentro privado en el que Ibarretxe recibió de su invitado un 'kata' tibetano -un pañuelo en señal distinción que se coloca sobre los hombros- ambos salieron ante los periodistas. De pie, junto a un micrófono. Ibarretxe de traje. El representante del Tíbet, con la túnica color azafrán típica de los monjes budistas.
En este escenario, el lehendakari transmitió a Wangchem que aunque el País Vasco tiene una «buena relación» con China, «siempre estaremos a vuestro lado» porque la situación del Tíbet demuestra la necesidad de apostar por el «diálogo y la negociación». Y fue a partir de ahí donde Ibarretxe ahondó más en las comparaciones. De forma rotunda señaló que «al igual que el Dalai Lama respeta a China, yo también respeto a España».
«Humildes y pacíficos»
No fue la única similitud que encontró entre su figura y la de la máxima autoridad tibetana. «Yo también tengo mi brazo tendido para negociar», señaló un Ibarretxe que no desperdició la ocasión para criticar la negativa de Zapatero a negociar la celebración de una consulta. «Cada día que pasa es un día que perdemos», sostuvo el lehendakari, quien también pidió que se respete «la personalidad del pueblo vasco para avanzar».
Ante la atenta mirada de un sonriente Wangchem, Ibarretxe consideró que es «difícil de entender» que «pueblos grandes tengan tanto miedo a pueblos pequeñitos como el tibetano o el vasco. Es increíble, pueblos tan humildes y esencialmente pacíficos».
Pero el jefe del Ejecutivo autónomo también consideró que la situación del Tíbet y el discurso conciliador que lanza el Dalai Lama es una «enseñanza» para ETA y la izquierda abertzale. A la banda terrorista le exigió que no utilice la violencia para conseguir sus objetivos, mientras que a los sectores sociales que apoyan su actuación les recordó que tienen «una deuda» pendiente por no haber pedido todavía a los miembros de la organización que dejen las armas.






