
La joven sacaba fuerzas de flaqueza en Lekeitio para infundir sosiego a su madre, Mari Carmen, y para ocultar la triste noticia a su hijo de 8 años, el 'ojito derecho' del abuelo que salió a navegar por el Índico. «Le hemos mandado a la escuela por la mañana sin encender la televisión», relató a EL CORREO.
En casa de los Sesma nadie ha podido pegar ojo desde que la empresa armadora del 'Playa de Bakio' les comunicó que el barco había sido capturado. La familia intentó ponerse en contacto con el 'aitite' por 'e-mail' y por vía telefónica, pero sin ningún resultado. «Estamos pegadas al teléfono -explicó Ainize-. «El consulado y la empresa nos mantienen informadas, aunque a veces llegan noticias inquietantes a través de los medios de comunicación. Estamos ansiosas por una rápida y pronta solución. Encima que arriesgan su vida... Pobres hombres».
La angustia también quiebra la voz de Irune, la esposa del lekeitiarra Iñaki López Urkiola, segundo motor del 'Playa de Bakio'. Hasta que recibió la noticia, la mujer creía que los relatos sobre piratas que le había contado su marido eran más propios de una película. «Lleva once años en la empresa -declaró-. En alguna ocasión nos había contado como escaparon de uno de esos barcos; pero nunca imaginé que algo así llegara a convertirse en realidad, y menos con mi marido de protagonista».
Mireia, la esposa del marinero de Gernika Gotzon Clemos, no faltó ayer a su puesto de trabajo en una conservera de Bermeo. Trató de mantener una apariencia de normalidad, igual que sus hijos, Onintze y Ekaitz. «Lo peor es no saber cómo se desarrollan los hechos. Las horas son eternas. Tratamos de conservar la rutina diaria, pero nos resulta muy difícil desconectar», reconoció Onintze, la hija mayor del pescador secuestrado.
La familia aguardaba su regreso para finales de junio o como muy tarde para principios de julio. Les tocaba disfrutar de buena parte del verano juntos. «Pasar las Navidades en alta mar también es bastante duro, tanto para el marinero como para el resto de la familia», declaró un pariente de Gotzon Clemos, que expresó su deseo de que, «cuando todo esto termine, les traigan seguido a casa».
«Sólo quieren dinero»
«Hacía sólo una semana que habían permanecido atracados en puerto para reparar la red», relató la esposa del engrasador Juan Pedro Sesma. «Nos intentan tranquilizar desde la empresa armadora -prosiguió-. Dicen que los piratas sólo quieren dinero, aunque nos nos han precisado la cantidad exacta. Sí nos han advertido de que cuando no consiguen lo que quieren, saben tratar mal a sus secuestrados. Parece que han puesto rumbo hacia algún puerto de la costa de Somalia, pero no conocemos más detalles.
Las horas sin noticias acentúan la tensión en la vivienda del pasaitarra Jaime Francisco Candamil, mecánico del 'Playa de Bakio'. «Llevo colgada del auricular desde la mañana», reconoció la madre del marino, Gloria Casanova. El padre, Francisco, un hombre de 83 años, se mostró abatido y silencioso. «No deja de llorar. Lo está pasando francamente mal», explicó su esposa.
Los Candamil son de origen gallego, pero residen en Guipúzcoa desde hace medio siglo. «Mi marido es de Pontevedra, de Marín, y yo de Monforte de Lemos, en Lugo -contó Gloria-. Nos conocimos aquí. Él se vino para trabajar en la mar. Fue pescador». Ambos esperaban ayer una llamada de Somalia que no llegaba. «Seguro que nuestro hijo nos llamará en cuanto pueda».
Jaime Candamil, de 53 años, nacido en Pasaia, es el hermano mayor de la casa. Está separado y tiene dos hijos de 15 y 11 años. Antes de enrolarse había trabajado en un taller de su pueblo, pero la empresa cerró. «Suele pasar cuatro meses embarcado y dos en tierra. En esta última salida llevaba poco menos de dos meses. Justo la mitad de la campaña», indicó su madre.
«Cuenta lo justo»
La señora se enteró del secuestro por su otra hija. En realidad, Jaime nunca les había dicho nada sobre piratas somalíes. «Mi hijo cuenta lo justo -precisó-. Cuando alude a la región donde trabaja sólo dice que hace mucho calor. Ahora, los periodistas nos están dando más detalles». Por su parte, los representantes de los armadores insistieron a los Candamil que permanezcan tranquilos a la espera de noticias. «Nos han dicho que nuestro hijo se encuentra en buen estado y que todo es cuestión de tiempo», afirmó Gloria.
Si la incertidumbre reinaba ayer en Pasaia, lo mismo ocurre en Mondragón, donde reside Mikel Arana, mecánico engrasador del 'Playa de Bakio'. Aspirante a jefe de máquinas -sólo le resta acumular 3.000 horas de navegación-, ayer mismo concluía su turno de cuatro meses y se preparaba para volver a casa, donde le esperaban sus padres, Miren Iñarra y Joxe Mari Arana.
«Nos sentimos impotentes. No hay nada que podamos hacer», declararon. El principal canal de información de los Arana es el hermano gemelo de Mikel, que también es marino. Enrolado en el congelador 'Elay Alai', navega actualmente por el Índico, pero más al sur, frente a Tanzania. Desde su puesto en el puente, facilita a su padre la única información que éste considera fiable. «Y hay algunas cosas que no se pueden contar, y no digamos publicar», advirtió Joxe Mari.
Sus dos hijos, que el 12 de mayo cumplirán 22 años y estudiaron en el Instituto Marítimo Pesquero de Pasaia, coincidieron hace escasamente quince días en una base pesquera del Índico, donde permanecieron juntos tres o cuatro días. Según la familia, Josu se encuentra muy afectado por lo ocurrido, pero conoce mejor que nadie la entereza de Mikel. «Es fuerte, reservado, metódico y muy serio en el trabajo- asegura el padre-. Sabrá cómo hacer frente a cualquier situación».
De hecho, no es la primera vez que Mikel se ha visto envuelto en un asalto pirata. Con anterioridad navegó en un mercante de la Naviera Murueta que fue objeto de un intento de abordaje frente a las costas de Argelia. Pero en aquella ocasión la tripulación logró repeler a los atacantes con éxito.
Los Arana no se mostraron ayer partidarios de una intervención militar para resolver el secuestro de Mikel. «No creo que ésa sea la buena solución. Primero, que negocien la liberación de la tripulación, y luego que hagan lo que quieran», reclamó Joxe Mari.








