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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Sociedad

SECUESTRO DEL ATUNERO 'PLAYA DE BAKIO'
La esperanza perdida
Somalia es un laberinto de grupos de poder, clanes enfrentados, batallas y un permanente drama humano
22.04.08 -

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La esperanza perdida
EL PODER DE LAS ARMAS. Un millón de personas se hacinan cerca de la costa atrapadas en un largo conflicto. / AP
Posiblemente, la pesadilla para los tripulantes del 'Playa de Bakio' será breve, aunque intensa, y puede finalizar tras el pago de un rescate. Para los somalíes, el terror dura diecisiete años y no hay visos de redención. Mientras la diplomacia española intenta la liberación de los pescadores, buena parte de los habitantes de Mogadiscio, la capital de lo que fue un país, huye ante la intensificación de los combates artilleros que asolan el centro urbano y que, tan sólo este pasado fin de semana, han costado ochenta muertos, la mayoría civiles. Pero ese territorio en el Cuerno de África es algo más que un conflicto. Se trata de un Estado fracasado, una permanente crisis humanitaria, varias áreas autónomas y enfrentadas entre sí. En suma, un dramático laberinto de intereses.

El desastre comenzó con la destitución por la fuerza del presidente Mohammed Siad Barre en 1991. Parecía un golpe más, práctica habitual en el juego político de las repúblicas africanas, donde los grupos de poder se alternan en la jefatura mediante la violencia. Sin embargo, el resultado fue la rápida descomposición de la autoridad central y de la propia república de Somalia, surgida en 1960 de la unión de los protectorados italiano y británico del mismo nombre. La débil estructura administrativa se vino abajo ante la presión de los abundantes caudillos tribales, convertidos en señores de la guerra, aunque camuflados por siglas partidarias sin ideología alguna.

Un año después, el caos se había adueñado del país y la situación de la población era crítica. Estados Unidos, con el apoyo de Naciones Unidas, decidió enviar un contingente para restablecer el control sobre la ciudad, dividida por diversas facciones, y suministrar ayuda. Los medios de comunicación fueron testigos del desembarco de tropas y el posterior desastre que dio al traste con la operación 'Devolver la esperanza'. La imagen del cadáver de un 'marine' arrastrado por un 'jeep' espantó a la opinión pública yanqui. El director de cine Ridley Scott también mostró la tragedia de los supervivientes de un helicóptero abatido, cercados por los milicianos. Tras contemplar 'Black Hawk derribado', Occidente decidió que el precio de la esperanza resultaba demasiado elevado y Somalia fue abandonada a su suerte.

Tras aquel fiasco, la historia del país, o lo que quedaba de él, ha seguido un rumbo similar al de Afganistán, aunque con resultados aún más devastadores. A pesar de que la comunidad internacional niega el reconocimiento oficial, la desmembración se antoja definitiva y varias regiones actúan como Estados 'de facto'. Sus gobiernos se disputan áreas fronterizas y trocean ciudades, caso de Galkayo, dividida longitudinalmente.

Así, al noroeste, Somaliland, la antigua colonia inglesa, ha conseguido establecer una administración independiente, celebra elecciones democráticas y goza de estabilidad y cierto progreso. Una situación similar ocurre con Puntland, en el extremo nororiental, también ajena al devenir errático del resto de la geografía somalí. Otras, como Jubaland, al sur, no consiguieron imponerse. En el centro, un frágil gobierno de unidad intentaba establecer su dominio sobre el resto, aguas territoriales incluida.

Hace dos años, la presidencia interina contrató a TopCatMarine, una empresa norteamericana dedicada a la vigilancia costera, para acabar con el pirateo marítimo. El contrato ofrecía 55 millones de dólares por dos años de supervisión y pretendía tanto acabar con los corsarios como con los buques furtivos que esquilmaban los abandonados caladeros nacionales. El Pentágono no dio su visto bueno a la operación y reemplazó a la firma con los buques de su flota naval, aunque sin resultados aparentes.

Anarquía

En el interior, la degradación de las condiciones de vida continuaba. Expatriados españoles de Médicos sin Fronteras se aventuraban periódicamente en esta tierra sin ley y narraban a EL CORREO la necesidad de pactar con todos los caudillos apostados en los caminos para llegar a los campos de refugiados. Por supuesto, ya no quedaba rastro de las instituciones gubernamentales. El pasado año, dos cooperantes de esta ONG fueron secuestradas, aunque el rapto se resolvió felizmente.

Según algunas fuentes, la propagación de las milicias fundamentalistas estuvo íntimamente ligada con esa situación de anarquía. Como ocurrió con los talibanes, grupos con cierta influencia y recursos, caso de los comerciantes urbanos, sostuvieron la creación de los tribunales islámicos para dotarse de seguridad ante la constante extorsión de las bandas. A ese respecto, su disposición a combatir a los señores de la guerra y unificar el país bajo un único mando fue bien acogida, aunque la contrapartida era su versión rigorista de la fe.

A finales del 2007, la hipótesis más realista es que los islamistas conseguirían controlar la mitad meridional del país, derrotar al gabinete de transición y, probablemente, iniciar una guerra a gran escala contra las regiones independientes del norte. Pero, al igual que ocurrió en Afganistán, las secuelas del 11-S llegaron a las costas del Índico. Washington acusó a las cortes de proporcionar bases para Al Qaeda en un área tan sensible para el tráfico naval y dio su beneplácito a la ocupación del Ejército etíope. La intención era liquidar el presunto peligro terrorista e implantar una administración laica y afín.

Sin embargo, la rápida victoria de los invasores no se consolidó y, a lo largo el presente año, los combates se han intensificado. La escaramuzas tienen especial incidencia en Mogadiscio, que sufre una verdadera batalla por su control, con duelos artilleros en pleno corazón de la ciudad. A pesar de sus nutridos medios, los abisinios no pueden acabar con los islamistas y, además, experimentan el odio de la población, que los considera su enemigo tradicional.

Tras el incidente del yate 'Ponant', el presidente Sarkozy ha demandado el establecimiento de un sistema internacional de protección. Cerca, en la costa, más de un millón de civiles se encuentran atrapados en un conflicto largo y absurdo, y ningún cuerpo diplomático parece presto a socorrerlos y recuperar su esperanza.
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