
A sus 38 años, este bermeotarra casado y con dos hijos conoce la zona del incidente a la perfección y en la actualidad apura sus últimos días en casa antes de volver el lunes o martes próximo a la mar. Allí, además de «mucho trabajo», le espera su camarote sobrio pero equipado con un pequeño despacho anexo, ordenador y una cama «bastante amplia». La estancia se encuentra ubicada junto al puente de mando, su segunda casa, y aunque la decoración es austera cada uno se «encarga de adecuarla a su gusto cada vez que llega. Fotos de familia... Lo típico». No podía ser de otra manera, ese será el refugio diario del guerrero después de la dura batallar con el mar.
El capitán, el primer oficial, el jefe y segundo de máquinas, así como el caldereta también disponen de habitaciones individuales y cuarto de baño, aunque esas están abajo. «No es un hotel pero está bastante bien», asegura. La marinería también tiene su intimidad con camarotes individuales, aunque en su caso deben compartir los aseos. Cuentan con una decena de duchas.
Para Marcos, en el Índico, el despertador suena sobre las 5.00, aunque «casi siempre duermes con un ojo abierto», recalca. Un poco de café y sin más dilación arranca un nuevo día «en el que no sabes qué puede pasar». El desayuno fuerte llegará sobre las 7.30. Ahora es el momento de tomar decisiones. El resto de la tripulación se centra en las tareas cotidianas.
Si la embarcación ha estado al través durante la noche, el patrón debe determinar el rumbo a seguir. Si por el contrario, han estado de ruta y se aproximan a la zona de pesca «hay que prepararse para largar la red». Esta maniobra puede durar una media de tres horas. Una vez localizado el cardumen, se lanza al mar la panga -barcaza de acero que sujeta la red de 1.800 metros de longitud y unos 300 de profundidad- mientras el atunero comienza la maniobra para rodear al pescado.
Sesión de cine
«Con más de 400 toneladas es problemático subir la red pero eso sucede en contadas ocasiones. Por lo general se pillan 20, 80, 150... », explica. La operación puede repetirse una media de entre tres a cinco veces al día. «Depende si andas con pescado a flote o si es con objeto. Lo peor es cuando no lo encuentras pescado. Los días y semanas son interminables y te comes mucho la cabeza», reconoce. Las capturas se introducen con la ayuda de un gran salabardo en una abertura existente en cubierta y con la ayuda de cintas transportadores se traslada a las diferentes cubas de congelación.
La comida llega sobre las 11.30 «cuando tienes tiempo porque si estás en faena, lo primero es lo primero», recalca. Al atardecer vuelve la calma y llega el momento de darse una ducha antes de bajar al comedor para cenar y charlar con los compañeros. Los cuerpos están agotados aunque algunos, antes de echarse en la cama prefieren distraerse con alguna película. Están tranquilos, los hombres encargados de la guardia velan por ellos.








