
Poncelet fue el portador de una carta para al presidente chino, Hu Jintao, en la que el inquilino del Elíseo insiste en la importancia de la cooperación «estratégica» entre los dos países. Además, entregó una misiva a la atleta discapacitada china, Jin Jing, convertida en una víctima simbólica de los malos modos de los franceses durante el paso de la antorcha por París el pasado día 7.
En esa carta, según ha trascendido, Sarkozy condena y lamenta los «ataques» de los que la joven fue objeto y la invita como huésped de honor a visitar Francia. «Le quiero decir que me quedé impresionado por los ataques que sufrió y por la valentía que demostró. Siento un profundo respeto por usted y su pueblo», escribe el presidente galo. La atleta paralímpica resultó vapuleada cuando unos manifestantes, partidarios de la independencia de Tíbet, intentaron arrebatarle la antorcha olímpica.
El diálogo con Pekín que reclama públicamente el Elíseo conlleva la petición de aclarar la cuestión de Tíbet y la naturaleza de las relaciones económicas entre los dos países. Esconde también la velada amenaza de Sarkozy de condicionar su asistencia a la inauguración de los Juegos Olímpicos, el próximo 8 de agosto, a la respuesta de las autoridades chinas. De momento, el Ayuntamiento de París nombró ayer al Dalai Lama, líder espiritual de Tíbet, «ciudadano de honor» de la capital francesa.
Arma de doble filo
Al enviado especial del presidente chino, Sarkozy le recordó el pasado viernes que, cuando Francia vende por valor de un euro a China, el gigante asiático vende por valor de cuatro euros productos 'made in China'. En cuanto a los 122 centros que Carrefour tiene en el país con 44.000 empleados, Francia sólo participa en el 2% de su cifra de negocios, por lo que el boicot es «un arma de doble filo», según expuso París al representante chino.
Preguntada sobre las protestas antifrancesas, con la quema de banderas galas, que han tenido lugar este fin de semana en varias ciudades chinas, la portavoz francesa de Exteriores deploró ciertos «gestos». Tras señalar que las manifestaciones iban dirigidas contra «la forma en que ciertos países occidentales han reaccionado a los acontecimientos en Tíbet», la portavoz diplomática, Pascale Andréani, afirmó que la posición de París sobre Tíbet es «clara». «Llamamos a la paz y al diálogo. Lamentamos los gestos que, en esas manifestaciones, no van en ese sentido», sentenció.






