
Hillary Clinton es la favorita. Pensilvania es su feudo. Una derrota le dejaría poco oxígeno para defender su viabilidad en la competición. Aquí se crió y aquí están enterrados su padre y sus abuelos. Le apoya el gobernador, el alcalde de Filadelfia y la mayoría de los que dirigen las administraciones locales de esos pueblos pequeños que Barack Obama considera «amargados» por el desmantelamiento industrial. Una mayoría de obreros, católicos, blancos, mujeres y jubilados revelan en el estado el perfil exacto de la coalición que le ha dado la victoria en otras primarias. Por eso la presión está en ella. Necesita ganar y muchos analistas creen que también está obligada a imponerse a lo grande.
Todas las encuestas la sitúan por delante de su rival, algunas a sólo un punto, pero con una diferencia media del 5,6%, según el diario 'Philadelphia Inquirer'. Hace un mes le sacaba 16. Obama ha recortado distancias a golpe de talonario hasta invertir tres veces más que ella en anuncios de radio y televisión. El 94% de los demócratas ha visto algún spot de los candidatos, según el centro de análisis político Franklin & Marshall, pero los de Obama han resultado más efectivos.
Los dos han tocado techo. En la última semana ni los ataques personales ni los escándalos mediáticos han conseguido alterar el status quo al que han llegado en este estado clave. Ese 11% de indecisos que no logra decantarse en los sondeos lo hará hoy, en el último minuto.
Donuts para voluntarios
Para eso eran las bandejas de donuts que recibían a los voluntarios de Obama en su cuartel general de Filadelfia, adonde llegaban decididos a tocar a todas las puertas. «Firma para viajar a Pensilvania y ayúdanos a sacar el voto», decían los correos electrónicos de Obama. Miles de personas de todo el país han pedido días libres y han emprendido el camino hacia el Este.
Entre ellas una californiana, Emily, que no da su apellido porque ha dicho en el trabajo que está enferma. La mayor parte de los estadounidenses tiene sólo diez días de baja pagados, así que la semana que ha pasado malcomiendo mientras entrena a otros voluntarios prácticamente agota su cupo para todo el año. Se ha pagado el billete de avión de su bolsillo y duerme en una cama de prestado que otra seguidora de Obama le ha ofrecido en la ciudad. «Ésta es la oportunidad de mi vida de participar en algo en lo que creo, de elegir a un líder del tamaño de John F. Kennedy», afirma con pasión.
El ático de la calle Sansom es un hervidero en el que prevalece una milagrosa organización. La víspera del Supermartes apenas cuatro personas se volvían locas contestando teléfonos en la oficina central de Nueva York. Ayer, en Filadelfia, cientos desfilaban por el cuartel general con nuevos voluntarios, ofertas de alojamiento gratis, donaciones de comida y mucha gente joven dispuesta a remangarse la camisa, como les pide Obama en cada mitin.
Concentrar los esfuerzos
«Cuando no sepáis contestar una pregunta les mandáis a nuestro portal de Internet», instruía Emily a los recién llegados. «Y si os dicen que están por Hillary, les dais las gracias educadamente y os vais, no tratéis de hacerles cambiar de opinión. Lo último que queremos es irritar a la gente». Eso sí, cada caso de estos supondrá una cruz en la casilla de 'non supporter' (no simpatizante) que luego será cuidadosamente introducida en la base de datos para aligerar la lista y concentrar los esfuerzos de sacar el voto a la calle en los que realmente votarán por Obama. Varios miles de personas que no ocupan asiento en el ático están conectadas a él a través del 'website' privado en el que reciben las listas de teléfonos a los que llamar a través de sus móviles o teléfonos privados, desde cualquier parte del país. «¿Ya ha ido a votar? Recuerde que las urnas cierran a las ocho de la tarde», dice la pregunta estándar.
El duelo de titanes le ha valido al Partido Demócrata 326.756 nuevos registrados, de los cuales 73.009 han salido de las filas republicanas. Las estadísticas demuestran que esos primeros votantes tienden a ejercer su derecho al voto con más diligencia, y Obama se beneficiará más de ello, ya que al menos el 24% de los nuevos registrados es menor de 35 años, un segmento de población que se ha inclinado abrumadoramente por el candidato de Facebook y MTV. «No le digas a la mama que estoy por Obama», coreaba un grupo de jóvenes en su macromitin del viernes.
Las mujeres de más de 55 años se identifican con la ex primera dama, de 60, que aspira a ser la primera presidenta. Pero Adora Andy, secretaria de prensa de Obama en Pensilvania, cree que es hora de hablar con la madre y los abuelos, en un estado que concentra la mayor población de jubilados del país después de Florida. «Hay muchos nietos que han llevado a sus abuelos a los mítines de Obama. La gente mayor está escuchando, porque nunca ha visto a los jóvenes tan involucrados en política y eso les hace darse cuenta de que Obama es más que un candidato. Es un movimiento que cambiará la forma de hacer política en este país», sentencia.







