
Pero una derrota en el Manzanares le obligaría, salvo milagro, a hacer las maletas. Nadie cuestiona a estas alturas de la campaña que a Koeman se le ha ido el equipo de las manos y que su reputación como entrenador, labrada en su país -Vitesse, Ajax y PSV- y en menor medida en Portugal -Benfica-, está por los suelos. Ésta es la razón por la que obtener el título copero, un éxito que encumbraría a cualquier técnico 'novato' en España, a él sólo le valdría para demorar el veredicto de culpabilidad escrito ya hace tiempo por el entorno valencianista. Su plantilla también ha dejado de creer en él. Su carácter áspero y su insistencia en marcar distancias con los futbolistas le han granjeado el recelo de buena parte del vestuario, que aún no ha entendido su afán por desembarazarse de Albelda -titular indiscutible en el Valencia y en la selección hasta que él llegó-, Cañizares y Angulo.
Señas de identidad
El equipo ha perdido sus señas de identidad, fundamentadas en una férrea defensa y en un letal contraataque, y se ha desmoronado. Únicamente ha sumado 23 puntos en 21 jornadas de Liga. Dicho de otra forma: si el torneo se disputara a una sola vuelta, el Valencia estaría descendido. La seguridad en la zaga se ha convertido en un colador agujereado a placer por los delanteros. Y, si no hay consistencia atrás, es difícil que surjan los contragolpes. Está demostrado además, que, cuando un grupo se apaga, también lo hacen sus principales futbolistas. Villa, uno de los grandes delanteros de Europa, está este año perdido, deambulando y matándose a correr por los campos sin un destino fijo. Silva, otro jugador clave del Valencia, ha perdido velocidad. Ambos son internacionales, como Marchena y Albiol.
No le saldría barato al club 'ché' destituir al holandés, a quien ficharon por tres temporadas. El finiquito de él y de sus colaboradores cuesta nada más y nada menos que 12 millones de euros brutos, una cifra astronómica para un equipo que el próximo año vería Europa por televisión si pierde hoy. El Valencia estaría dispuesto a pagarle lo que resta de campaña y una más, lo que rebajaría la cifra a nueve millones. Si finalmente fuera expulsado, lo más posible es que sean Mauricio Pellegrino y Óscar Fernández quienes cojan las riendas del equipo en San Mamés.
Las incógnitas se despejarán hoy al filo de la medianoche, siempre que no haya prórroga en la final ante el Getafe. Si el choque se salda con derrota valencianista, sonará un teléfono en los vestuarios del Calderón. El dirigente 'ché' que ejerza de interlocutor confirmará la ejecución de la sentencia. No habrá conmutación de la pena para Ronald Koeman.










