
CLASIFICACIÓN
ASÍ VA EL MUNDIAL
Un sueño labrado durante diez años de duro trabajo a las órdenes de su mentor, Amatriaín, un antiguo piloto que no pudo disfrutar de la gloria de los himnos y vio en Jorge la extensión de su sabiduría. El niño reunía las condiciones. Amatriaín le enseñó la disciplina, la ambición y los secretos necesarios para hacer el sueño realidad.
Jorge pisó ayer la moqueta de los dioses sin dejarse ninguna cuenta pendiente. Desbordó a todos los campeones. Primero devolvió a Pedrosa el adelantamiento que el catalán le había realizado antes. Y después adelantó a Rossi en la 'chicane' con un interior que suscitó el asombro del mundo de las dos ruedas. En ese momento, en el ecuador de la prueba, inició su escapada.
Golpes letales
Fueron los dos golpes letales de una batalla que ganó el balear porque realizó «la mejor carrera de mi vida». Una explosión que fraguó con un espectacular aumento del ritmo, hasta marcharse en solitario. El camino hacia la gloria lo certificó con nueva plusmarca en carrera, 1:37.404, que se añadía a su récord en los entrenamientos: 1:35.715. Era increíble, como el propio Giorgio reconocía. Amatriaín, desde el muro, no podía sujetar las lágrimas. Era el colofón a una inversión a largo plazo que alcanzaba su estallido definitivo. Cuántas peleas, cuántos sufrimientos se dan por bien soportados por vivir estos laureles al más alto nivel.
Pedrosa quiso reaccionar ante la fuga de Jorge y superó a Rossi en busca de su compatriota. Lo intentó. No pudo. Quizá ya era tarde. Anduvo a 1,6 y 1,8 segundos durante diez vueltas y al final se conformó con una segunda plaza que le mantiene como colíder del campeonato. El que tiró la toalla fue Valentino. Se dedicó a asegurar el tercer podio. El italiano comienza a rumiar que su tiempo ha pasado. Dos españolitos jóvenes le han pisado el terreno. Y su compañero de equipo, con su espectáculo y la bandera de pirata, le ha robado también el protagonismo mediático. Este 'niñato' le va a dejar sin trabajo.
El mallorquín festejó su proeza clavando su enseña en la hierba, clavando sus rodillas en la arena, bailando como Chiquilicuatre y subiéndose a la Yamaha para saludar a la afición que le aclamaba. Y Amatriaín, discreto, soportaba las lágrimas. Era un día de vino y rosas para su piloto. Los dos enemigos acérrimos son la atracción mundial del motociclismo. Ni se ven ni se tocan, pero se ganan entre ellos y se relevan en el primer cajón de podio.







