
FICHA TÉCNICA
Hablamos de una matinal dominical en la que todo parecía muy extraño de salida. Había confianza, tanta como la que incluyó en sus quejas Vasco Evtimov sobre la altura reglamentaria de una de las canastas. Ojo clínico del búlgaro. Faltaba un centímetro en la distancia al suelo. Muchos más hubiera necesitado el Grupo Capitol, incluidos más del 'center' de Sofía, para sacar algo de provecho en su visita a La Casilla. Dado el conveniente estirón a la estructura de la canasta, llegó la noticia de la baja de Mile Ilic. Un contratiempo muscular desveló ya durante la rueda de calentamiento que no estaba para más actividad que colaborar desde el banco, toalla en ristre. Lo que faltaba. Volvía Weis, pero lo hacía entre algodones, con una protección especial en la mano derecha y la duda de saber, el propio jugador, cómo reaccionaría ante el posible dolor en el cuerpo a cuerpo que le esperaba a con Bud Eley. A su vez, la responsabilidad multiplicaba la concentración de ojos sobre Banic y Pasalic, únicos pívots 'sanos' en la parrilla de salida.
El aperitivo dio paso a un sabroso menú, nutritivo, con toques de 'nouvelle cuisine' sin despreciar momentos de abundancia cercana a la gula. Por momentos, su digestión resultó compleja y ello favoreció que el Grupo Capitol tratara de salirse de la fuente de horno en la que los hombres de negro le habían colocado como suculento manjar. Pero cada vez que intentó dejar el centro de mesa, fue capturado y reducido al instante. La manida estadística acaba dando la razón a sus huestes. Y dice que si se medían la mejor y peor defensas de la ACB tendría que notarse tarde o temprano. Los de Vidorreta se posicionaron bien, escudo con escudo componiendo un tabique inaccesible, mientras que los de Imbroda acababan por plasmar una abstracción lírica más que una línea defensiva identificable.
Arrebatos y excesos
Este iurbentia, el que se retroalimenta cuando minimiza sus ausencias, carece de medida. No sabe jugar al ralentí y eso provoca arrebatos de ansiedad, excesos de ímpetu que se acaban pagando en forma de pérdidas. Once al descanso. Demasiadas, pero la mayoría no forzadas. O sea, corregibles. Con Banic como mariscal de campo, siempre arropado por Pasalic en estado de maduración propia de un buen caldo, los de La Casilla supieron no añorar a Fred Weis cuando las faltas apisonaron al galo y una técnica le envió a la sala de expulsados. En el perímetro, la balanza se equilibraba con apoyos entre unos y otros, como las ayudas defensivas en las que nadie se quedó atrás. Huertas también ha regresado del laberinto en el que se despistó jornadas atrás, Salgado sin hacer el partido de su vida sumó y Savovic, Recker y Paco Vázquez mantienen su enriquecedora cotización al alza en el parqué bursátil 'iurbentino'. Hasta Lewis, más allá que acá por mor de algún bichillo que se ha encelado con su anatomía, hizo lo que se le pidió combinando minutos como 'tres' y 'cuatro'.
Un triple de Salgado sobre la bocina del final del tercer acto -increíble el de Santutxu en esas acciones apuradas- anestesió irremediablemente al Grupo Capitol. Arrancar en el último tramo con una decena de desventaja hizo que los de Imbroda claudicaran. Sin perder el norte más de lo imprescindible por la técnica a Weis -se lució García Leal con el castigo al galo y luego a Eley por protestar... a su banquillo-, el iurbentia detonó sus últimos cartuchos y el escollo pucelano se desintegró en el aire. Con 18 victorias, el Kalise en lontananza y los 'averages' ganados hasta con el apuntador, el Bilbao Basket ya ha pedido más personal a su agencia de viajes. Lo va a necesitar con tanto ajetreo en el próximo curso.









