Pero no crean ustedes que sólo los españoles de carne y hueso tenemos D.N.I., porque según veo y leo, también tienen su D.N.I. particular los huevos de gallina ponedora que compramos en tiendas o supermercados y que antaño (yo lo he conocido) se compraban en unos establecimientos especializados,que lógicamente recibían el nombre de hueverías.
El huevero (o la huevera, según el sexo del comerciante) nos vendía los huevos a granel y sin envasar, pero (ojo a este detalle) con prueba de su frescura (frescura de los huevos, no de la huevera) y realizada siempre a la vista del cliente. Para ello utilizaban un curioso sistema que consistía en mirarlos al trasluz de una bombilla que solían tener todas las hueverías colgando del techo. Y terminado el escolio huevero volvamos al D.N.I.
El D.N.I. personal tiene, como saben ustedes, una letra al final de los números y la fórmula para establecerla se hace mediante una división del numero de cada D.N.I. por el numero 23. Una vez hecha la división, nos quedará un resto que varía entre el 0 y el 22 y a cada resto le corresponde una letra, de acuerdo con una tabla ya establecida, que no cabe en este breve espacio.
Y preguntarán ustedes ¿Qué tiene que ver todo esto con los huevos de gallina?. Pues existe una relación, porque resulta que también los huevos tienen su D.N.I. Si ustedes se fijan en uno de ellos, verán que lleva una letra y unos numeritos impresos en tinta roja, cada uno de los cuales tiene su traducción, a saber:
El primer dígito indica la forma de cría de la gallina ponedora. La letra corresponde al país productor (en nuestro caso la E de España) y los siguientes dígitos identifican el código de la provincia y municipio de procedencia, la ubicación de la granja y el tipo de explotación. Total, que he llegado a la conclusión de que el D.N.I. de los huevos es mucho más completo que el mío.








