
Éstas también serán históricas. Dos de las cinco grúas necesarias superarán los 200 metros de altura, cuando lo normal para construir un edificio es que sean de 40. Debido a su tamaño, ha sido obligatorio que Aena autorice su instalación, con el fin de marcar el punto más alto con señales luminosas y de garantizar de este modo la seguridad del tráfico aéreo. Las grúas, que crecerán a medida que se levante la torre, se construirán expresamente para esta megaestructura. A la carta.
El montacargas, apoyado en el terreno y adosado a la fachada norte del edificio, contará con cuatro ascensores para trabajadores y uno para materiales. La planificación es «un requisito indispensable» para llevar a buen puerto una obra que, en los períodos 'punta', tendrá empleados a entre 300 y 350 operarios.
Y aquí entran desde detalles anecdóticos hasta las líneas maestras. En un intento por mantener el pulso de la actividad, los promotores del edificio instalarán baños cada tres plantas para que los trabajadores no tengan que perder el tiempo bajando en busca de un váter en la zona de obras.
Por seguridad, el coloso contará además con un equipo de extinción de incendios y medidas contra el vértigo. Si algún trabajador teme a las alturas podrá andar sin cuidado, ya que los huecos de las fachadas estarán tapados por un panel de tres metros de alto. Los plazos que manejan los gestores establecen la inauguración en 2011. Más o menos, un año de trabajo subterráneo y otro en altura, a partir de diciembre. Luego quedan los revestimientos del rascacielos. Mientras tanto, Iberdrola, que ha formado una Agrupación de Interés Económico con Promotora Vizcaína, gestionará la búsqueda de inquilinos para la torre de oficinas. La eléctrica ocupará las plantas superiores, con helipuerto y vistas al mar.








