Según relató en el juicio celebrado el pasado martes, después del fatal atropello de los pequeños Aitor y Oihane, el joven repartidor no ha podido «volver a enfrentarse al trabajo». Se encuentra de baja desde el pasado mes de agosto y, con anterioridad, ya había estado inactivo a consecuencia de los problemas psicológicos que padece desde el mismo día del accidente, relató ante el tribunal.
Durante la vista, su letrado mostró una carta, escrita del puño y letra del acusado y dirigida a la familia, pero no fue admitida como prueba por la juez. «La escribí porque necesitaba desahogarme y pedir perdón. La escribí porque necesitaba escribirla», reiteró R. R. T., con la voz temblorosa y la cabeza gacha.
El joven distribuía marisco por toda Vizcaya. Aunque, según dijo al tribunal, sólo conocía la zona del atropello «como peatón», ya que quedaba lejos de su «ruta habitual» de reparto. «Aquel día fui a echar gasolina a Zorroza, porque las instalaciones del RAC estaban cerradas».










