
Aunque esta inversión pueda parecer excesiva, los técnicos municipales aseguran que «sale bastante más barato que contratar vigilantes» y que es necesaria para garantizar un buen servicio, ya que estas infraestructuras se estropean una media de seis veces al mes. «La mitad de las veces es por gamberradas de chavales y la otra mitad por fallos mecánicos», detalló ayer un experto del Consistorio, quien defendió la colocación de cámaras como el mejor medio «para detectar rápidamente un parón y solucionarlo».
Chequeos constantes
Así, la videovigilancia no se ha puesto en marcha «por temas de seguridad o vandalismo», recalcó el técnico municipal, quien destacó que estos elementos móviles requieren un cuidadoso mantenimiento, que cuesta a las arcas municipales 65.000 euros al año. De hecho, tres veces por semana se hace un chequeo «visual» de las infraestructuras, que una vez al mes pasan una revisión en toda regla. «Esta suma de dinero no incluye la reparación de los daños causados por actos vandálicos», matizó el experto, quien, no obstante, hizo hincapié en que «no hay demasiados desperfectos por este motivo». Es más, en los tres años que llevan funcionando las rampas y escaleras mecánicas en la ciudad, «sólo se han tenido que reponer tres cristales y un pasamanos que fue cortado».
Fuentes municipales también insistieron en que esta iniciativa de Obras y Servicios «no tiene nada que ver» con la futura instalación de catorce cámaras en la calle San Francisco por una cuestión de seguridad ciudadana ni con su colocación prevista en Bilbobuses. Además, aseguraron que esta medida se ciñe escrupulosamente a la legislación vigente. De hecho, según informaron, las imágenes tomadas se envían a la Agencia Vasca de Protección de Datos para asegurar la intimidad de sus usuarios.










