El que paseará por la segunda edición de Euskalsex, el Salón Erótico Internacional de Euskadi, que arranca hoy en Megapark (Barakaldo). El programa hasta el domingo anuncia espectáculos de porno en directo, pero el que espere verle en acción puede ir desencantándose. «No me voy a quitar la ropa», advierte.
A Vidal (Barcelona, 1973) eso de que en Euskadi se hace poco el amor le suena a chiste sin gracia. Más le parece «un bulo» que se presta a desmontar. «Si me voy de aquí sin mojar... entonces podré decirlo». Y es que el actor es de los que destrozan los tópicos. Y las estadísticas. Como ésa que asegura que los españoles mantienen relaciones sexuales cada cuatro días. «Si tengo pareja acostumbro a hacerlo todos los días, antes de dormir, cuando me levanto... Me encanta el sexo, pero no quiero parecer un supermachito, no voy de ese palo. Cada uno que lo haga cuando le dé la gana», se excusa.
Pero aunque no tenga pareja el trabajo no perdona y entre una cosa y otra el catalán se ha acostado con miles de mujeres. «No echo cuentas, pero llevo catorce años trabajando y han sido unas 500 al año. Lo que pasa es que la gente no se lo cree, flipa con lo que le resulta desconocido, pero luego dicen que creen en Dios y tampoco le han visto».
Otra cifra que adorna su currículum es la de las 101 chicas con las que rodó una película -un 'privilegio' sólo al alcance de cuatro actores porno, entre ellos su mentor, Rocco Siffredi-. Claro que entonces tenía 24 años y hoy diez más. «Hace poco hice una escena con quince mujeres y tuve que parar a la séptima», confiesa.
No recuerda los nombres de todas con las que ha compartido cama, pero sí los de las que le importan. «Mi primera novia se llamaba Rosi, yo tenía seis años». De las siguientes todavía guarda fotos y por la última se hizo un tatuaje en el brazo que reza: 'Francesca, no te merezco pero te necesito'. Su cuerpo, dice, es «un mapa» de su vida, con imágenes de dragones, murciélagos y «el símbolo del amor en el culo» que él sabrá por qué se grabó en la piel. Por su «princesita», su hija de dos años, se ha mandado tatuar 'pura Candela' y tiene otro hijo, Nacho, de un año, al que ve con más frecuencia que a la niña. Con los críos de momento va en plan protector, «sobre todo con Candela», e imagina con ellos una relación adulta «de amistad» que no obstaculizará el hecho de que su papá fuera una institución del cine porno.
«Nunca se lo ocultaría», asegura. «Además, hoy la pornografía ha perdido interés para la juventud, no es como antes, que una revista de tías era oro. Y una peli también. Yo vi la primera cinta porno a los trece, una de dibujos animados que se llamaba 'El enano y la bruja'». Y en este punto una se imagina a Nacho Vidal como un adolescente imberbe y le da apuro preguntarle si es cierto lo que se pregona por ahí sobre sus famosos 25 centímetros.







