
EL AUTOR
«Son esos jóvenes un poco desnortados, que viven en pueblos grandes o en la periferia de las grandes ciudades, que son hijos de una escuela pública insuficiente y de una clase obrera que ha cambiado de valores», describe el periodista y escritor.
«Sus padres ya no tienen claros los ideales de cambio y regeneración de los 60 y 70, sino que se han metido de lleno en el banquete de las clases medias, del consumismo, y estos chicos están faltos de fibra, de cultura, de objetivos y de valores», explica Hidalgo los ingredientes de la novela.
Javi y Tere, los dos hermanos protagonistas, querían huir de su pueblo y de su padre, y terminan cayendo en una trama de prostitución, un empleo basura con acoso incluido y problemas económicos para los que no se les ocurre mejor solución que atracar un banco. «Hacen del dinero su aspiración y se enredan cuando el dinero se convierte en solución», explica.
El drama que acecha
«Están acechados por la marginalidad y la delincuencia pese a que no viven en ello. El drama acecha a la gente 'normal'». A la normalidad, dice Hidalgo, la acecha el «margen, lo que está fuera; es lo que les ocurre a estos chicos desnortados, que están todos los días en los periódicos», sentencia.
Aunque «nunca se puede reflejar el todo de nada, es cierto que a través de una parte se refleja el todo porque las partes lo forman», explica el autor. Así que con ese retrato de una juventud en peligro y en crisis puede hacerse una fotografía de la España de hoy que parece bastante pesimista. «Fija una época, parece pesimista. Pero el pesimismo o el optimismo reside en realidad en lo que se haga ante este panorama, en si se toman medidas para subsanarlo o no».
'Lo que el aire mueve' está escrita a base de diálogos para reflejar «la mentalidad de los protagonistas; el habla no sólo comunica un contenido, sino que delata valores e ideas», dice el autor.
Leer rápido
Se lee rápidamente, como parece que tiene que ser todo hoy. «Sí, es el tiempo de lo fragmentario, pero no hay que olvidar que esa forma de escribir ya se utilizaba hace setenta años», advierte.
Con esta técnica, el escritor navarro ha querido asumir un riesgo: el de reproducir el lenguaje y la mentalidad de la gente común y que ésta se vea retratada. «El éxito será que nadie diga 'esto yo no lo conozco, no es verdad'». Y de momento, dice con una sonrisa, nadie le ha dicho tal cosa.
Entre sus planes al dar forma a la novela estaba también el de recuperar «la tradición realista de la literatura española, que ya no se hace, está abandonada», sin llegar a hacer «realismo social». «El lector que vive en este mundo que describe la novela lo reconoce», aunque el objetivo del autor no era hacer crítica social. Tan sólo «hacer pensar».






