La consejería que dirige Tontxu Campos presentó en marzo de 2007 las directrices de la futura norma, que constituirá la reforma de mayor calado a la que se ha sometido el sistema educativo vasco en las últimas décadas. En síntesis, la futura reglamentación persigue que todos los alumnos dominen el euskera al acabar la enseñanza obligatoria y acaba con el actual sistema de modelos. Educación establecerá para todos los alumnos sendos exámenes obligatorios que medirán sus conocimientos de euskera al concluir los ciclos de Primaria y Secundaria. En el caso de la ESO, el nivel a superar equivaldría al 'first' de inglés. La exigencia de este elevado dominio del euskera -que ahora sólo alcanza el 57% de los alumnos de modelo D- impide en la práctica a los padres optar por la enseñanza en castellano.
Este polémico aspecto de la ley es, precisamente, el que ha despertado el rechazo de parte de la sociedad vasca y de la comunidad escolar. La consejería, pese a la falta de consenso, ultima el borrador del anteproyecto que entregará en breve a los agentes sociales y partidos políticos para que hagan sus aportaciones.
Los responsables educativos son conscientes de que sacar adelante la ley será difícil, y con un apoyo amplio una labor imposible. Tanto el PP como el PSE ya han advertido de que no respaldarán la reforma bajo ningún concepto por entender que atenta contra la realidad lingüística del país. Sin su beneplácito, el tripartito formado por PNV, EA y EB (32 escaños) necesitaría los votos de los parlamentarios de EHAK (9), que no se han pronunciado todavía sobre su postura.








