
A fin de solventar el contratiempo, el Ayuntamiento ordenó de inmediato colocar 24 columnas de agua potable en las calles Tolosa, La Paz y Mendipe, de los que también debían abastecerse los afectados de los números 3 y 6 de la calle Anboto y el portal 5 de Altube. Eran pequeñas tuberías conectadas a las bocas de riego, parecidas a una fuente. Así, los vecinos podían bajar con baldes a coger provisiones. «De vez en cuando sale un hilillo y luego se vuelve a cortar. No veas lo que tardarías en llenar un vaso», ilustraba Jon Sagastigordia.
De Pozas a Betolaza
Ahora bien, como todos los vecinos habían sido avisados por los responsables municipales de que algo así podía ocurrir, a buena parte de ellos no les hizo falta recurrir a estos 'surtidores' improvisados. «Yo ya había comprado botellas y garrafas para el baño. Aun así, está bien que las pongan por si acaso», alababa Paula Sánchez.
Pese a estas incidencias, la regla general fue la normalidad. Ni Indautxu, Amezola, Abando, Deusto, Olabeaga o Basurto acusaron problemas de suministro. En el barrio de Betolaza, donde se temían lo peor por su proximidad al depósito de Elejabarri, ni siquiera notaron que la presión del grifo disminuyera. «Estamos como cualquier otro día. Menos mal», suspiraba Sergio Alonso, propietario de un bar en la zona. «Si no ha pasado nada aquí, en Indautxu o Abando fijo que tampoco», aventuraba un grupo de clientes.
Por su parte, los hermanos Joana y Carlos Veiga, propietarios de un bar en Pozas y vecinos de Rekalde, estaban que no se lo creían. «Como nos habían dado tantos avisos pensábamos que iba a haber lío, pero, afortunadamente, se ha quedado en nada. De todas formas, espérate a ver qué pasa por la tarde», apuntaba Carlos con cautela.
Hubo suerte. Los grifos rindieron hasta el cierre de esta edición sin que se notara la obra de alcance que se desarrollaba en Rekalde. Pese a ello, había vecinos que no acababan de relajarse. «¿No se fastidiará la cosa esta madrugada y mañana adiós agua, ¿no?».








