
No es para menos. Su efecto positivista ha afectado también al estado anímico del equipo. Sin él, el Bilbao Basket tuvo que recomponer líneas y jugó a otra cosa. Como hubiera hecho cualquier otro equipo. Es como aquel pintor que se quedó sin el pantone elegido para un trabajo. Tras consumirlo y ante la imposibilidad de esperar un nuevo envío, intentó fabricar el color, pero no le salió. No es que fuera poco vistoso el nuevo resultado, pero no coincidía con la capa dada ya en el resto de la habitación. Con Recker ha pasado lo mismo. Ha dado un paso adelante Quincy Lewis, pero no por similitud de piezas, sino porque era menester arrimar más el hombro. Lo intentaron también Paco Vázquez y Savovic, pero su corte defensivo ha impedido ver otras virtudes que sin duda aportan a la caja común. También ellos 'parecen' mejores, siendo los mismos, con el de Ohio en perfecto estado de revista.
Que la luxación de su hombro izquierdo está olvidada es una realidad que se palpa en su fortaleza. No rehuye el contacto, vuelve a rodar por el suelo como cuando se dejó la voz gritando de dolor en el Buesa Arena y no es la extremidad vital para activar el tiro al tratarse de un jugador diestro. Llega desde atrás, como los maratonianos que han superado el bache del kilómetro 30 y tras rehidratarse vuelven a la carga sabedores de que las piernas ya no les fallarán hasta cruzar la meta. Recker y los demás, todos, han apretado los dientes como perros de presa. Fue para soportar el dolor, la rabia, la indignación interior que les provocó la paralización -justificada- de su prodigiosa temporada. Ahora repiten la mordedura, pero ya es para no dejar escapar presa alguna.
Dos victorias consecutivos de enorme valor, por ser ante un rival directo y en un volcán manando lava por las gradas. Más la que no contó que todos recuerdan. El desenlace, en cualquier caso, es felicísimo. Faltaba que acompañara el resultado en 'la roca' y lo hizo con el triunfo de Unicaja que deja al Kalise canario, el que marca el noveno puesto, a tres victorias cuando sólo restan cinco jornadas para que se confirme la identidad de los ocho elegidos para luchar por el título.
Al iurbentia le separan dos pasos de la llegada y se ha marcado ya un doble objetivo: llegar a las 19 victorias -le faltan dos con tres partidos aún en casa- y buscar el quinto puesto en la liga regular, que lo pondrá en juego el Pamesa en dos jornadas en 'la fonteta'. Hasta entonces, mucha paz, buenos alimentos y, por supuesto, ganar el domingo al Capitol vallisoletano.







