«Los jóvenes baracaldeses de hoy somos fruto de ese mineral de hierro que se descargaba al borde de la ría», resaltó ayer el alcalde, el socialista Tontxu Rodríguez. Trenes como los de la compañía Franco Belga y de la Lutxana Mining Company se encargaban de hacer llegar la carga a las orillas del cauce fluvial desde municipios colindantes de la llamada cuenca minera -Muskiz, Abanto, Ortuella, Trapagaran, Galdames e incluso Sopuerta-.
Este acuerdo institucional formaliza una relación fluida que viene de lejos. El Consistorio se convierte, de este modo, en la primera administración local en sellar un entente de este tipo con el centro. «Esperemos que no sea el último. Barakaldo ha demostrado que no olvida nuestra cultura», se felicitó el director del museo minero, Carmelo Uriarte. La fundación que gestiona el equipamiento conseguirá una aportación de 2.000 euros a cambio de su colaboración.
En contraprestación, la localidad no sólo recibirá fondos para las muestras y entradas. Tampoco faltarán las menciones en la memoria anual y catálogo del complejo, y su escudo aparecerá en todas las publicaciones. «Ése es el contenido básico del convenio que complementaremos con diferentes actividades que iremos desarrollando», apuntó el regidor.
Memoria histórica
La buena sintonía entre el museo y la institución local no es más que la confirmación de que reman juntos por lograr el objetivo de «conservar nuestra memoria histórica». Y es que, tal y como rememoró Rodríguez, el pasado metalúrgico y minero ha sido «determinante» en el desarrollo económico y social de la segunda urbe vizcaína a lo largo del siglo XX y la configuración de la ciudad actual. Un legado que también trata de dar a conocer en los colegios con el programa Ezagutu Barakaldo.









