«Antes siempre íbamos a coger castañas, y todavía las hay buenas, pero en las condiciones en que está ahora es incómodo», dice una vecina. Al parecer, el terreno es del Ayuntamiento, pero los residentes cuentan que los árboles pertenecen a familias de la zona. El bosque está a escasos minutos a pie de las viviendas y ocupa, según algunas estimaciones, entre dos y tres hectáreas. Por su extensión y por su antigüedad -hay ejemplares de 300 años- no pasa desapercibido aunque se llene de hojarasca.
El PP va a reclamar en las Juntas Generales «un plan de trabajo urgente» para la catalogación del castañar de Villanueva de Presa «como paisaje protegido. Cada uno de estos árboles tiene valores suficientes para ser declarado árbol singular», asegura el apoderado Arturo Aldecoa. Algunos tienen la enfermedad del chancro, lo que exige «un trabajo cuidadoso de saneamiento de las ramas infectadas, análisis de las cepas de los hongos existentes» y tratamientos de poda para garantizar su conservación.
En el paraje suelen entrar vacas y cabras. «Algo limpian», comenta una vecina. Algunos expertos temen, sin embargo, que los animales faciliten la propagación de enfermedades forestales al mantener la humedad del terreno y «crear heridas». La propuesta que se debatirá en las Juntas plantea un seguimiento de las masas de castaño en Vizcaya «para la recuperación de esta especie en coordinación con las comunidades que ya están trabajando en ello», como Galicia, Asturias o Castilla y León. También expertos de otros países -Francia, Italia, Portugal y Suiza- realizan investigaciones sobre el hongo que provoca la enfermedad del chancro, y que no tiene la misma virulencia en todas las cepas.
Pese a que está «más que abandonado», el castañar de Carranza sigue atrayendo a los excursionistas «cuando es época», a finales de octubre. «Viene mucha gente de Bilbao», cuentan los vecinos. Y eso que, según los más veteranos, «son árboles viejos y ya no dan castañas gordas, las dan pequeñas».










