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Las penalidades de un árbol útil para el caserío
31.03.08 -

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El castaño ha sido uno de los árboles más apreciados en los caseríos. Además de embellecer el paisaje, regalaba a los baserritarras sus múltiples frutos: comida para las familias, tanino para curtir pieles, material para elaborar cestas, estacas para el campo, leña, madera para muebles y enseres. Y servía de alimento a corzos y jabalíes.

«No falta en ningún caserío un arbolar de castaño por los indudables frutos que proporciona a la población rural», escribió en 1840 el ingeniero de montes Lucas Olazabal. Sin embargo, los bosques perdieron terreno ante la demanda de las ferrerías y las tierras de cultivo. Los que quedaron se enfrentaron a finales del siglo XIX a la enfermedad de la tinta, que pudre las raíces del castaño.

Tan grave era la situación que en 1920 la Diputación importó castañas de Japón y Corea, más resistentes a la tinta, e hizo plantaciones experimentales en Galdakao, Durango, Erandio, Muskiz o Arcentales. Pero en los años cuarenta empezó a extenderse una nueva enfermedad, el chancro del castaño, y esta vez Vizcaya quedó atrás en la investigación.
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