
EN CIFRAS
Cuando en mayo del año 2006, se anunció que la Diputación Foral de Vizcaya iba a destinar 42 millones de euros para poner en marcha el primer centro de inteligencia para automoción existente en Europa, el proyecto generó una gran expectación pese a que por aquel entonces lo novedoso de la idea hizo que no se conociera con exactitud cuál iba a ser su actividad. Se anunció que se trataba de un macrocomplejo para empresas que concentraría actividades tecnológicas, industriales y formativas para mejorar su competitividad. Sin embargo, no es ni una planta de producción, ni un nuevo centro tecnológico.
El interés generado tenía su lógica. Al margen del fuerte desembolso que ha requerido, el proyecto supone una clara puesta por la colaboración público-privada para impulsar un sector básico para la economía vasca. De un lado, la Diputación, junto con los ayuntamientos de Amorebieta y Ermua -localidades que acogerán las distintas instalaciones que integrarán el complejo-. De otro, empresas de componentes de automoción y el Cluster de Automoción de Euskadi (Acicae). Esa asociación, que dirigirá el centro, ha actuado como avanzadilla de las compañías y, haciéndose eco de sus intereses, ha tomado la iniciativa para poner en marcha el proyecto.
El primer paso
La directora general del cluster y máxima responsable del IAC, Inés Anitua, destaca la importancia de ese último extremo. «Uno de los elementos que pone de manifiesto el espíritu innovador de este proyecto es que ha sido la propia industria la que ha dado el primer paso para ponerlo en marcha», explica.
Pero más allá de la teoría, ¿en qué se va a plasmar la actividad que se desarrolle en el AIC? Dicho de otra manera, ¿qué va a salir de ese centro? Pues bien, se pretende que, de la mano de las propias empresas, las ideas innovadoras que surjan se adapten a las tendencias del sector a nivel mundial y se plasmen, primero en avances en el campo de la investigación, y posteriormente en el desarrollo y aplicación de distintas soluciones industriales para su aplicación en automóviles.
A día de hoy, ya son nueve las compañías de automoción implantadas en Euskadi que se han comprometido a trasladar sus centros de I+D+i al AIC, en el que trabajarán 250 profesionales altamente cualificados y especializados en automoción. Una gran parte de ellos procederán de las propias empresa que se trasladarán a esas instalaciones.
La relevancia y dimensión de las compañías que participan o han comprometido implicarse en esta iniciativa da una clara idea de la importancia del centro de inteligencia. CIE Automotive, ZF Lemforder TVA, Pierburg, Amaya Tellería, Microdeco, Tenneco Automotive, Fersint, Bionor Transformación, P4Q, Gestamp, Grupo Cromoduro o Lea Artibai ya han apostado por el centro de inteligencia para automoción.
Por si fuera poco, su puesta en marcha se produce en un momento especialmente sensible, por dos elementos. De un lado, aunque el sector de componentes no está sufriendo aún las consecuencias de la crisis económica, nadie puede descartar que le termine afectando. El AIC puede ayudar a hacer más llevadera esa situación. De otro, Euskadi ha convertido a la innovación en uno de sus grandes objetivos de futuro. Tanto que aspira a convertirse en la referencia europea en ese campo. Pues bien, el centro de inteligencia es un claro ejemplo de esa apuesta. «Tratamos de que este centro se convierta en un referente internacional. Queremos dar el salto en la generación de valor y lograr que nuestras empresas sean centros de competencia a nivel mundial», enfatiza Anitua.
Cuando se dio a conocer esta novedosa iniciativa se aseguró que el AIC iba a contribuir decisivamente a evitar la deslocalización de empresas de automoción de Euskadi. Su directora general reitera esa idea al afirmar que «nuestras empresas están aquí y tienen implantaciones productivas fuera. Pero lo que queremos es que, además de nuestro corazón, también nuestra cabeza se mantenga en Euskadi, tanto para empresas vascas como para compañías extranjeras con implantaciones aquí».
Cumpliendo objetivos
Desde mayo de 2006 los promotores de este importante proyecto han trabajado sin descanso en su desarrollo para cumplir el calendario previsto. Así, en octubre de 2006 se constituyó oficialmente el patronato encargado de liderar el proyecto. El 18 de enero de 2007 se colocó la primera piedra del complejo. En junio del pasado año se comenzaron a levantar las dos unidades de desarrollo que inicialmente albergará el AIC, mientras que en agosto se inició la construcción del edificio central que, con 16.000 metros cuadrados de instalaciones, albergará unidades de I+D+i, laboratorio común, incubadora de empresas, aulas de formación y, diversas áreas de ingeniería. Estará finalizado en mayo de 2008.
Realmente, ese inmueble central es el gran alma del proyecto. Al menos nueve empresas sacarán sus unidades de I+D+i de sus actuales ubicaciones para llevarlas a ese edificio, lo que implica que realizarán allí toda su labor de innovación. Cada compañía tendrá su espacio específico, pero la singular estructura de las instalaciones permitirá crear también laboratorios comunes en los que se desarrollarán proyectos conjuntos de colaboración. Ello va permitir ordenar la oferta tecnológica a la medida de las necesidades del sector.
El esquema definido contempla que las nuevas instalaciones se ubiquen en las localidades de Amorebieta y Ermua. Boroa albergará el edificio central más dos unidades de desarrollo, mientras que en Ermua -en concreto, en el alto de Areitio- se están construyendo otras cinco unidades de desarrollo. La segunda fase de este macroproyecto -cuyo desarrollo se encuentra en fase avanzada, aunque la inversión que requerirá no está aún presupuestado - se llevará a efecto con la ampliación de las instalaciones de Amorebieta.






