
«Me alegra el galardón porque viene de mis compañeros y la FAPE, de la que formé parte tantos años», explica. Guerrero, que perteneció a una generación de profesionales que manejaban un periodismo artesanal, contribuyó en los años difíciles de la Transición a hacer de EL CORREO lo que es hoy. «Fueron momentos muy emocionantes periodísticamente hablando; la muerte de Franco, la irrupción de un Rey que supo y sabe estar en su lugar...».
Eran otros tiempos cuando un jovencísimo Antonio Guerrero llegó a Bilbao para hacer sus prácticas en 'El Correo Español-El Pueblo Vasco', en 1953, recién salido de la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, donde hizo su tesina precisamente sobre este periódico. «Lo primero que escribí fue un reportaje sobre la nueva y potente emisora de RNE en Arganda del Rey, que yo había visitado cuando estaba estudiando», recuerda. Y desde ese momento quedó ligado a la historia de este diario y a la de Euskadi hasta su jubilación. Medio siglo de periodismo vasco en todos sus estados posibles, desde el reporterismo de base hasta la dirección.
Fue en su día, con sólo 23 años, el redactor jefe más joven de la prensa española, y con 28 se convirtió en subdirector. Trabajó todos los temas y géneros: «Unos hacían deportes, fútbol, pelota y algo de boxeo, y el resto hacíamos lo demás. Si me preguntan, recuerdo una anécdota sobre un baserritarra de Larrabetzu que tenía un gallo amaestrado, 'Pepe'. Le hice un reportaje que trascendió tanto que atrajo a los del NO-DO. Fueron a casa de aquel hombre para grabar al gallo, que obedecía en todo. No quedó ahí la cosa, porque la esposa del embajador de EE UU, al verlo, fue a buscar a aquel hombre y se lo llevó a su país para que entrenara a perros lazarillo. Nunca más supimos de él».
Noticias, entrevistas, reportajes, editoriales... incluso manejaba la linotipia: «Una noche tuve que componer yo mismo en aquella máquina la noticia de la visita del rey Balduino a Bilbao... Tecnológicamente, han cambiado tanto las cosas desde que escribíamos en cuartillas...». Su paso por todos los departamentos le valió un conocimiento perfecto sobre la realidad de un periódico del que llegó a ser director adjunto en 1982 y director entre 1990 y 1993. Después, y hasta su jubilación en 1996, ocupó el puesto de asesor del consejero delegado del Grupo Correo, hoy Vocento.
En este medio siglo hubo momentos buenos, muchos, y también malos, como cuando ETA secuestró y asesinó a su gran amigo Javier de Ybarra y Bergé, en 1977: «Yo lo vi muerto, estaba desfigurado, no te puedes imaginar. Era un gran hombre, la bondad en persona.... Desde la Transición, las cosas se han ido calmando en este país, salvo el terrorismo que aún nos azota».
Y nevó en mayo...
Si echa la vista atrás, añora cuando la gente veía como algo suyo a los cronistas: «En San Mamés, la afición coreaba, para bien o para mal, a los periodistas. Los lectores se identificaban con aquellos artículos costumbristas de Juan de Hernani. ¿Y qué decir de Olmo! En las primeras elecciones, vendimos la contraportada del periódico a un partido político y nos olvidamos de 'Don Celes'. Nunca tuvimos tantas quejas. Ahora todo es más impersonal». Pero él sigue apostando por el futuro de los periódicos: «Los demás te dan la noticia sin más; nosotros debemos apostar por el análisis meditado de la actualidad».
Otro recuerdo: en 1953 le tocó hacer de coordinador en la Vuelta Ciclista, cuando la organizaba EL CORREO. «Era mayo y publicamos que el pastor del Gorbea anunciaba nevadas. La gente se burlaba, incluso mi director entonces y gran amigo, Antonio Barrena, se reía y, como el resto, me decía que también se apostaba una comida a que no nevaba. Pues nevó en mayo y hubo que parar la Vuelta. Nos hinchamos a comidas». Gajes del oficio.






