La rocambolesca historia comenzó el pasado 26 de octubre. A las diez y media de la mañana, la chica estaba castigada junto con su prima en el pasillo del instituto Miguel de Unamuno, en Sansomendi. La situación no era inédita, ya que la menor tenía abiertos varios expedientes por faltar al respeto a los profesores. En un momento dado, comenzó a hablar por teléfono asomada a la barandilla del pasillo, según se detalla en la sentencia. Dado que el uso del móvil está prohibido en dependencias escolares, la profesora que estaba a su cargo le pidió que lo apagara y regresase al pupitre.
La joven no sólo hizo caso omiso de esta indicación, sino que acribilló a la docente con improperios al tildarla de «paya de mierda, me cago en tu puta raza, asquerosa, hija de puta», según se recoge en el fallo. La tensión fue más allá de los insultos cuando la profesora pidió a la alumna que la acompañara a dirección. En ese momento, señala la juez en los hechos probados, la chica «sin mediar palabra le dio dos patadas» a la maestra.
Otro profesor acudió en auxilio de su compañera «interponiéndose entre las dos con los brazos en cruz para evitar que la siguiera golpeando». La intervención no fue bien acogida por la adolescente, que espetó al docente un «vete de aquí, esto no va contigo, payo de mierda».
Al final, los profesores lograron que la menor les siguiese a dirección, pero mientras lo hacía «le dijo a su prima que si le preguntaban tenían que decir que la profesora le había pegado», explica la juez.
Sin lesiones
En este punto se puso la primera piedra de una farsa en la que la alumna contó con el incondicional apoyo de sus padres. A las nueve de la noche del día siguiente, es decir, 35 horas después de la supuesta agresión, acudió al hospital de Txagorritxu. El parte médico no aprecia «ninguna lesión, sólo constata las impresiones de la denunciante, que refirió dolor en el hombro sin apreciarse ningún signo externo determinante de la lesión».
Sin embargo, a la chica y a sus padres el solo hecho de disponer de un parte médico les debió parecer suficiente para sostener su estrategia. Así, una semana después de los hechos, tras conocer que el instituto había abierto contra ella un expediente de expulsión y que la profesora había interpuesto una denuncia, ellos hicieron lo propio. La adolescente, acompañada por sus padres, acudió a la comisaria de la Ertzaintza el 31 de octubre para denunciar que había sido agredida por los dos profesores. La sentencia recoge que lo hizo con el fin de presionar a los docentes para que retirasen la denuncia, a lo que no accedieron.
En cuanto a lo alegado por la menor, en su declaración a la Ertzaintza aseguró que había sido zarandeada por la maestrar. Luego, en el juicio oral, se limitó a señalar que la había agarrado por el brazo. Además, ni ella ni su prima fueron capaces en la vista de especificar cómo se produjo la supuesta agresión.
La juez declaró la absolución de los docentes y ordenó remitir el caso a la Fiscalía de Menores por si la actuación de ambas chicas «pudiera ser constitutiva de un delito contra la administración de Justicia».






