
De forma sutil y sin querer dar la sensación de estar virando en sus posiciones, el PP vasco ha comenzado a mover ficha tras las elecciones del pasado 9-M. Unos comicios que demostraron dos cosas: una, que los populares mantienen un notable suelo electoral; dos, que les sirve de bien poco. La formación de María San Gil sólo se dejó cerca de 30.000 votos, apenas un 0,49% respecto a 2004. Un buen resultado que se truncó cuando estaba a punto de cerrarse el recuento de las papeletas y el último escaño por Vizcaya cayó en manos del PSE-EE, dejando al PP vasco con sólo tres diputados, uno menos que en la anterior legislatura.
Una decepción que aumentó al confirmarse la derrota de Mariano Rajoy. Los malos resultados obtenidos en comunidades con fuerte implantación nacionalista -especialmente Cataluña- y la constatación de que muchos de los votos del PSOE eran más bien 'anti PP' ha hecho que sectores del Partido Popular crean necesario suavizar el tono del discurso para alejarlo de la «bronca y la crispación». Pero, en todo caso, se trata de movimientos que se están realizando con grandes dosis de prudencia. En pleno proceso interno de renovación -en junio está convocado el congreso nacional en el que se decidirá si Rajoy sigue al frente de la dirección- los dirigentes populares huyen de las grandes estridencias y de los mensajes excesivamente autocríticos.
Sin embargo, las llamadas a realizar movimientos para «ensanchar el electorado» -tal y como lo definió el pasado lunes el portavoz del PP, Leopoldo Barreda- o para ganar autonomía respecto a Madrid empiezan a ganar fuerza. El primero en abogar por un cierto cambio fue el ex diputado general de Álava, Ramón Rabanera, que también exigió «modular» el discurso. Le siguió el presidente del PP vizcaíno, Antonio Basagoiti, quien apenas cuatro días después de las elecciones hizo un llamamiento para mantener una línea muy similar a UPN -formación no integrada en el PP- y apostar por «cuestiones pegadas a la realidad».
La respuesta no se hizo esperar. La propia San Gil salió al quite para evitar que el debate fuese a mayores y recalcó que el concejal bilbaíno puso un «mal ejemplo» y «no se explicó bien». También le afeó sus palabras el propio Alonso, que le pidió hace dos semanas no hacer análisis «precipitados». El dirigente alavés rechazó la idea de Basagoiti de emprender un camino similar al de UPN, pero sí dejó entrever que era partidario de mover ficha y aproximar el discurso del PP a la sociedad y ampliar la «base social».
«Estabilidad»
Y para Alonso, el caladero en el que el PP tiene que pescar votos es en el sector más moderado del PNV. En su opinión, hay que «modular» y «actualizar» el mensaje para «acercarse a mucha gente que tiene sensibilidad nacionalista», señaló en 'Radio Euskadi'. Fuentes de la formación de San Gil sostienen que se puede repetir lo sucedido a mediados de los años noventa, cuando aumentaron su porcentaje de apoyo y llegaron al poder -sobre todo en Álava- gracias a muchos votos huidos del partido jeltzale que buscaban «estabilidad».
Pero tras una legislatura plagada de encontronazos entre el PP y los nacionalistas, la estrategia que plantea ahora la dirección popular se antoja complicada. El esbozo general lo dibujó ayer Alonso. «Hay que renovarse para que no se nos vea como algo viejo, como alguien intransigente o que está en una posición que no puede cambiar. Esos no son los valores del PP y tenemos que hacer ver que tenemos unos principios muy asentados pero también capacidad de ser flexibles», sostuvo.
Alonso admitió que el PP «no ha llegado a despertar la confianza» de los votantes, especialmente en Cataluña, País Vasco y aquellas comunidades «donde existen nacionalismos históricos», lugares en los que también reconoció que ha podido haber «un voto directo contra el PP». «Tenemos que hacer un esfuerzo para que nos conozcan», dijo.
La pregunta es cómo. Desde el PP se sostiene que la nueva estrategia pasará por tres puntos: certificar la crisis nacionalista, la movilidad del electorado y la «robustez de nuestro voto». Consultado por este periódico, Basagoiti apostó por discutir estos temas en el ámbito interno y recalcó su apoyo a San Gil.






