
Y es que el escenario es goloso: una zona rural en la que, alrededor de un aparcamiento, se encuentra la iglesia de Andra Mari, un instituto de Secundaria, un polideportivo y las piscinas de verano. Pero sobre todo, un lugar apartado donde se dan cita muchos jóvenes que desde hace una década ponen punto final aquí a las noches festivas de los sábados después de salir de una conocida discoteca de Lemoa. Hace año y medio los vecinos llegaron a contar en una sola noche 27 coches reunidos en este lugar, algo que encendió las alarmas, ya que hasta entonces no se habían detectado más de media docena de turismos.
Pero si los que se acercan hasta aquí de madrugada dificultan el sueño de los residentes, en ocasiones tampoco encuentran tranquilidad durante el día, ya que desde hace un tiempo otros grupos frecuentan la zona entre semana y a horas no tan tardías. Y son precisamente éstos lo que han provocado las últimas quejas.
Que se reúnan allí ya no sorprende a nadie pero es que «de las concentraciones nocturnas se ha pasado a hacer el indio al volante», denuncian los que viven alrededor. En el Ayuntamiento de Galdakao el reproche tampoco suena a nuevo. De hecho, fuentes municipales han asegurado que «en las últimas semanas se han impuesto dos multas de 600 euros cada una por conducción temeraria en esta zona». La Policía local -que reconoce haber incautado sustancias estupefacientes a algunos jóvenes- ha anunciado también que va a incrementar «la vigilancia y los controles de alcoholemia en la confluencia de la entrada al barrio de Elexalde con la carretera N-634» -cuando recibieron quejas anteriormente, la Policía garantizó que controlaría las concentraciones de coches-.
«Lo llenan de basura»
Pero los vecinos creen que ésa no es la solución. «No vienen a beber, especialmente los que vienen de día, vienen a jugar con el coche, mientras otros miran. Llenan el barrio de basura, conducen muy rápido y aparcan en lugares prohibidos obstaculizando la entrada a algunas viviendas», relata José Larrea, presidente de la asociación de vecinos de Elexalde.
Algunos habitantes del barrio aseguran que incluso han sufrido «amenazas e insultos» cuando piden a los jóvenes que les dejen paso. Y el problema no sólo son los ruidos, los insultos y la suciedad. Además de correr con el coche, han protagonizado actos vandálicos, en la propia iglesia de Andra Mari, la más antigua de Galdakao, cuya entrada ha tenido que ser vallada para evitar más desperfectos. «Llenaron el pórtico, una de las partes más valiosas del templo, de pintadas e incluso hacían sus necesidades allí», lamenta Larrea.
Ni controles policiales ni badenes han conseguido por ahora frenar los derrapajes, cuya huella es visible en el asfalto del parking de Elexalde. La solución, a juicio de los vecinos, es «una mayor presencia policial». Desde el Ayuntamiento de Galdakao dicen que la zona «no puede vigilarse 365 días al año, 24 horas al día», y han pedido la colaboración vecinal para que apunten las matrículas y den la voz de alarma.








