
-El otro día, John Chilcot, el más alto funcionario británico en Irlanda del Norte, explicaba que, cuando se iba a desvelar que el Gobierno mantenía un diálogo secreto con el IRA, Major le pidió que se lo explicara a cuatro ministros importantes. Y no le dijeron precisamente: «¿No te preocupes, hombre, es lo que hacemos siempre, cualquier cosa para lograr la paz con el IRA!». Major tenía problemas en su partido y en su Gabinete. Cuando Blair llegó, la idea era muy simple. Major había perdido el alto el fuego por la demanda de las armas. Y la simple idea de Blair era que, si había un nuevo alto el fuego, hablarían sin exigir el decomiso de las armas.
-Pero, si Trimble se va, como hizo Paisley, Blair no tenía nada.
-Yo animé a Trimble a que se quedase, porque, en 1997, hay un Gobierno laborista formado por gente que quisiera ser socialista, pero el socialismo ha muerto. Lo que quedan son cuestiones de estilo, políticas culturales, como la prohibición de la caza. Y, para ellos, una de esas cuestiones culturales es que los unionistas de Ulster son muy aburridos, son como sus padres o sus abuelos. Nuestro sentimiento era que, si los unionistas no estaban en la negociación, quedaban muy vulnerables ante los prejuicios culturales de la enorme mayoría laborista. Y además había un presidente de Estados Unidos que impulsaba el programa nacionalista. En ese contexto, yo creí que Trimble tenía que quedarse. La decisión, muy valiente, fue suya. Y se quedó fundamentalmente porque creyó que Blair entendía el principio del consenso. Los diarios de su jefe de Gabinete, Jonathan Powell, que se han publicado ahora, muestran que Trimble entendió a Blair correctamente.
-Blair consigue el mejor acuerdo posible para un primer ministro británico -compartir el poder autonómico y principio de consenso sobre el futuro- pero en el camino destruye a los moderados.
-Gente en Dublín y Washington, en el Ministerio británico para Irlanda del Norte, pensó que el futuro era Peter Robinson, el segundo de Paisley. Pero Blair no fue cínico, perdió a Trimble por accidente, cuando sobrevivía cada pocas semanas en reuniones de su partido, pronunciando discursos que yo escribía. Hay que entender que éste fue un proceso guiado por élites, basándose en su conocimiento privado sobre los otros. Las masas nos estaban pidiendo: dadnos la paz. Trimble lo llevó hasta el punto en el que fue aceptado por todos pero él no era ya aceptado.
-Y la autonomía compartida en manos de quienes la destruyeron.
-La marcha de Paisley creará turbulencias, pero la situación parece estable. Con Robinson no habrá tantas risas y sí más confrontación. Quizás eso cree más inestabilidad de lo que pensamos. Y hay un interrogante en el largo plazo. Quizás el DUP no está hecho para asentar esta sociedad. La integración de los nacionalistas no está en los genes de ese partido, su esencia es provocar. Pero puede ocurrir que la colaboración de los líderes permee hacia abajo y la gente al final se diga: ¿por qué voy a pegar un puñetazo a este tío?.






