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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Mundo

LORD BEW DE DONEGORE HISTORIADOR Y ASESOR EN EL PROCESO DE PAZ DE IRLANDA DEL NORTE
«La campaña del IRA fue una farsa, la gente murió para nada»
Inspirador del Acuerdo de Viernes Santo, Bew cree que los norirlandeses empiezan a superar dos siglos de conflicto «Si llega la unidad irlandesa, será por la vía democrática»
23.03.08 -

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«La campaña del IRA fue una farsa, la gente murió para nada»
EN EL PARLAMENTO. Lord Bew posa en la terraza de la cámara legislativa británica poco después de la entrevista. / IONE SAIZAR
El 4 de enero de 1969, Paul Bew tenía 18 años e intentaba sobrevivir, en Burntollet, bajo una lluvia de pedradas lanzadas por seguidores de Ian Paisley contra estudiantes que marchaban, desde Belfast a Derry, pidiendo igualdad de derechos en Irlanda del Norte. Aquel ataque, con la pasividad de la policía, fue un detonante de tres décadas de tensión y guerra terrorista.

Hijo de una familia católica y protestante, estudió Historia en Cambridge, regresó a Belfast como profesor de la Universidad de Queen's y se unió al Workers Party, un partido eurocomunista nacido de la deriva marxistizante del IRA Oficial, tras la escisión del Provisional, los 'provos' nacionalistas de Gerry Adams.

Historiador del conflicto agrario o el nacionalismo en Irlanda, del régimen unionista en el Norte, asesoró a los dos gobiernos y al líder unionista, David Trimble, durante el proceso de paz. En 2007, fue nombrado lord y publicó 'Irlanda, La política de la enemistad, 1789-2006'.

-¿Dónde está el Acuerdo de Vienes Santo (AVS) en esa historia?

-Tiene una importancia enorme y plantea un interrogante, que es muy pronto para responder. Las pautas características de enemistad que he analizado, tras su formación en el final del XVIII, pueden estar cambiando. Puede ser que el conflicto entre estas dos poblaciones, divididas en esos dos siglos entre naranja y verde, y que las hace militantes, agresivas y violentas, esté concluyendo. Puede ser que en el futuro los problemas se gestionen con estilo diferente, sin el acento en el rencor.

-¿El AVS responde a los rescoldos políticos de la enemistad?

-Los conflictos agrarios son un gran tema, pero fueron resueltos. Queda lo que yo llamo el gran, ambiguo e irresuelto proyecto de la unidad política irlandesa. Y creo que no hay duda de que, se alcance o no -no es inevitable en las próximas dos o tres décadas, pero podría ocurrir-, se logrará por medios pacíficos y democráticos, más que por la presión de la violencia. Eso es lo que ahora ya sabemos y es muy importante.

-El AVS lima el pleito mediante la proyección multilateral de todos.

-El 15 de mayo del año pasado, Bertie Ahern pronunció un gran discurso sobre una nueva era en las relaciones anglo-irlandesas, precisamente en esta misma sala en la que ahora hablamos, la Galería Real del Parlamento. Mi opinión es que el antagonismo anglo-irlandés se estaba reduciendo ya y sólo existía la posibilidad de que la cuestión de Irlanda del Norte amargase esa evolución. Ahora, eso no ocurrirá.

-¿Por qué el AVS acentúa más la cooperación que la separación?

-La gente civilizada británica y también los políticos sentían culpa sobre su papel histórico en Irlanda. A veces, hasta un punto ingenuo y excesivo. Eso se ha curado ahora. Y hay otra cosa sobre los británicos en Irlanda. De los últimos primeros ministros británicos, Tony Blair podía jugar en la selección irlandesa de fútbol, su madre era de Donegal. John Major, también, su abuela tenía un apellido irlandés. Margaret Thatcher dijo una vez: «Yo soy completamente inglesa, con la salvedad de la bisabuela Sullivan». Su predecesor se apellidaba Callaghan. Gordon Brown es inusual porque no tiene conexiones irlandesas. Los británicos ven a los irlandeses como parte de la familia. Los irlandeses pueden verlo de la misma manera, aunque no lo admitan. O sea, que hay un sentimiento de culpa histórica y siempre hay un primo Paddy.

-¿Cuál es la esencia del acuerdo?

-El unionismo vive en los años noventa un cambio crucial, acepta la dimensión irlandesa. La ve como algo que puede hacer sin que subvierta su posición política. Yo sabía también, a través de mis amigos en el Gobierno de Dublín, que se podía trabajar sobre la conexión irlandesa sin que destruyese a los unionistas. Eso creaba las bases para un acuerdo, se llamase como se llamase, Consejo de Irlanda o Consejo Ministerial Norte-Sur. Podía funcionar, era pragmático. Si existían bases para un acuerdo con los nacionalistas y los no nacionalistas de Irlanda, los 'provos' tendrían que encajarlo. El otro problema era entonces permitir el aterrizaje del IRA, que recibiera honores políticos. Pero, por supuesto, cuando una guerra ha terminado, con 3.500 personas muertas en un lugar pequeño, el 60% víctimas del IRA, a la gente le resulta muy difícil, hay un legado emotivo. Había que dar una compensación política al IRA a cambio del alto el fuego, permitir su aterrizaje suave, aunque, esencialmente, su proyecto, que era la coerción de los unionistas para forzar la unidad de Irlanda, había fracasado absolutamente.

-Explica en el libro que el pragmatismo de Dublín nace de la conciencia de que no pueden costear la unidad de Irlanda.

-Tras publicarlo, Garret FitzGerald, que fue primer ministro y un economista profesional, ha escrito que la unidad irlandesa costaría ahora, tras veinte años del tigre céltico, con el mayor crecimiento en la UE, una reducción de un quinto en el nivel de vida, en ambos lados de la frontera. Su teoría es que el IRA hizo imposible la unidad irlandesa, al convertir el Norte en un caso paradigmático de dependencia del Estado, que sólo la Hacienda británica puede sostener. Yo cuento en el libro que Dublín calculó que necesitaría 60.000 soldados para controlar el Norte si los británicos se iban y sólo tenía 11.000. En los años setenta, Harold Wilson consideró la posibilidad de una retirada. El Gobierno irlandés se alarmó, fue a hablar con Henry Kissinger para decirle que los británicos tenían que quedarse. Desde ese momento, la campaña del IRA es una farsa, la gente ha muerto para nada. Es concebible que puedas desmoralizar a los británicos, a los unionistas, pero lo que no puedes es embarcar al Estado irlandés en un proyecto que destruye su estabilidad.

Fantasía demográfica

-La única posibilidad era someter a las mujeres a la vieja pauta católica de procreación.

-Y el crecimiento del feminismo acaba con eso. Yo no creo en espías e intrigas, porque la política real es la política de masas, pero ahora sé algo que no sabía antes: los servicios de inteligencia tenían un mayor grado de penetración del que pensábamos en el entorno de Gerry Adams. Creo que sabían que los dirigentes republicanos vivían en una fantasía demográfica y se aseguraron de que no fuese abruptamente interrumpida. La comunidad católica crecía y los 'provos' creyeron que la mayoría en el Norte estaba cerca. Pero no está. Les dejaron creérselo para mantener el alto el fuego. Y, cuando se publicó el último censo, ya era demasiado tarde.

-¿Es el AVS una receta para el buen gobierno?

-Yo creo en una parálisis benigna. Esos partidos no se diferencian en políticas sociales o económicas. No piensan seriamente sobre nada de eso. Y cada familia de Irlanda del Norte recibe 18.000 euros anuales del Tesoro británico. Ningún primer ministro dará un corte drástico y se arriesgará a empeorar un problema que otro había resuelto. ¿Es maravilloso! ¿No corren ningún riesgo de dejar de vivir en el primer mundo!
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