REFLEXIÓN DE URKULLU
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El breve discurso abierto a los medios de comunicación y sin posibilidad de preguntas que hizo Iñigo Urkullu ante el máximo órgano representativo de la militancia -el resto del cónclave se desarrolló a puerta cerrada- reflejó ese espíritu. El presidente del PNV se mostró convencido de que una correcta lectura de los «malos» resultados del pasado domingo aconseja huir de «frentismos» y evitar la «confrontación» con el Estado y, al mismo tiempo, profundizar en la «voluntad de acuerdo político» para lograr un nuevo marco para Euskadi. Significativamente, el líder peneuvista no mencionó en su alocución el proyecto del lehendakari ni la consulta. Ni siquiera citó al propio Ibarretxe que, de hecho, tampoco tomó la palabra.
Sin embargo, sí hizo hincapié en el camino trazado en su 'hoja de ruta' -y en lo expresado por el propio presidente vasco esta pasada semana-, que pasa por concentrar todos los esfuerzos en alcanzar un pacto político con el jefe del Ejecutivo central que permita alumbrar un nuevo estatus para Euskadi. No obstante, en pleno apogeo de la tesis que sostiene que Zapatero no abrirá la mano más allá de una reforma estatutaria a la catalana, Urkullu evitó incorporar el sintagma 'derecho a decidir' a su medida intervención pública -una exigencia que sí se ha interpretado como innegociable por parte de otros dirigentes del partido- y tampoco hizo referencia al plazo -junio- en el que en teoría se cierra la vía del acuerdo y se inicia la iniciativa unilateral del lehendakari. «No pedimos a nadie que renuncie a sus ideas ni nosotros vamos a renunciar a las nuestras. En este país hubo un acuerdo hace ya treinta años. Hoy hay una nueva oportunidad», resumió, al tiempo que reiteró que el PNV está dispuesto al diálogo para «superar el bloqueo». Eso, a pesar de que Zapatero ha negado incluso tener «en agenda» la negociación del marco vasco, unas declaraciones que a Urkullu le habría gustado escuchar «antes del 9-M».
Se apuntala en todo caso la idea de que el líder del EBB está dispuesto a agotar todas las posibilidades para arrancar a Zapatero algún compromiso que evite un escenario de confrontación institucional, aunque, según ha podido saber este periódico, la asamblea no entró a aventurar los contenidos del pacto ni los movimientos del partido en ese sentido. Sí pidió Urkullu, en cambio, a sus cargos y militantes un esfuerzo para «blindar» el mensaje de Ibarretxe y el suyo propio y mantenerlos en los mismos términos que hasta la fecha.
Corregir errores
Por lo tanto, no es de esperar ningún giro estratégico brusco en el PNV -se da prioridad a la cohesión interna-, pese a la fuerte dosis de autocrítica, pública y privada, que se constató ayer. Tanto Urkullu como los responsables territoriales que tomaron la palabra incidieron en la necesidad de enmendar cuestiones procedimentales e internas que han podido lastrar al partido, paliar la desmovilización de la afiliación y agilizar los procesos de renovación, que, en el caso del que se cerró en diciembre, le ha obligado a volcarse en el frente interno cuando otros líderes ya estaban inmersos en precampaña a pleno rendimiento. También admitieron los jeltzales el negativo influjo de los distintos frentes abiertos -Osakidetza, educación...- en relación a la gestión del Gobierno vasco.
Tampoco en público puso Urkullu paños calientes. Reconoció que el voto ha dejado de ser un asunto de fidelidad sino más bien una elección cambiante en función de las circunstancias y del comportamiento de los partidos e incluso dejó entrever que contempla la alternancia al reconocer que «nadie tiene un mandato de por vida para dirigir esta sociedad». En el mismo tono, admitió que el PNV tiene «mucho que mejorar» en «transparencia, claridad de los planteamientos y voluntad de acuerdo» y anunció, para rubricar ese «nuevo tiempo» que ahora se abre, que presentará en primavera un «contrato renovado» con la sociedad que, bajo la denominación 'Euskadi 2020', concrete los proyectos sectoriales y sobre el modelo de país del partido.






