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Política

POLÍTICA
Las duras y las maduras
La 'hoja de ruta' del lehendakari no es sólo la consulta, sino que incluye toda una estrategia de la que forma parte el abordaje del problema del terrorismo
16.03.08 -

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Las duras y las maduras
Dirigentes del PNV, en un acto de campaña en Barakaldo. / F. GÓMEZ
En lo que respecta a Euskadi, los datos más relevantes de estas elecciones generales han sido dos: la espectacular subida del PSE y la aún más espectacular bajada del PNV. Ambos guardan relación entre sí. Tanto la bipolarización del voto como el rechazo a la política del PP han beneficiado al primer partido en la misma medida en que han perjudicado al segundo. Más aún. Si bien es verdad que la abstención le ha hecho daño al PNV, no es menos cierto que se ha producido un flujo de voto nacionalista hacia las filas socialistas. Pero, sentados estos datos que parecen incuestionables, falta una explicación cabal de su porqué.

Los nacionalistas se resisten a admitir que ésta haya de buscarse en la postura que ha adoptado parte de su electorado respecto de la 'hoja de ruta' del lehendakari. Su resistencia puede entenderse como un acto de autodefensa. Es comprensible que quieran evitar a toda costa la brecha que se les abriría dentro del partido si aceptaran la relación que los demás dan por cierta entre 'hoja de ruta' y derrota electoral. Podría concedérseles incluso parte de razón en su actitud. Y ésta consiste en que, si la 'hoja de ruta' pretende reducirse, como muchos hacen, a la famosa consulta, quizá la relación de ésta con el descalabro electoral no sea tan evidente.

La 'hoja de ruta' del lehendakari es, sin embargo, mucho más que la consulta. Constituye toda una estrategia política, de la que forma parte sustancial el abordaje del espinoso asunto del terrorismo. Merece, por tanto, la pena detenerse en este aspecto, porque quizá sea en él, más que en la consulta, donde radica el porqué del desapego que buena parte del electorado nacionalista ha mostrado en esta ocasión hacia el destinatario habitual de su voto.

Se ha dicho -y el nacionalismo lo admite- que el apoyo que han recibido los socialistas se debe al reconocimiento que ha querido darle a Zapatero buena parte de la sociedad vasca por su valentía al afrontar el final dialogado de la violencia. Algo de ello ha habido sin duda en el comportamiento de los electores vascos. Pero la explicación es incompleta. El proceso de diálogo quedó suspendido el 30 de diciembre de 2006, cuando se produjo el atentado de la T-4, y definitivamente roto el 6 de junio de 2007, cuando ETA declaró reabiertos todos los frentes de lucha.

Desde esta última fecha, la política de Zapatero frente al terrorismo ha consistido en la más decidida persecución policial y judicial de la banda terrorista y de su entramado civil. Son ya, por tanto, nueve los meses en que la sociedad vasca, más que de diálogo, ha oído hablar de detenciones, juicios y encarcelamientos de personas vinculadas a ETA, así como de procesos de ilegalización de partidos de la izquierda abertzale radical. Cabe suponer, en consecuencia, que, si la sociedad vasca ha dado apoyo a Zapatero por su política antiterrorista, lo habrá hecho tanto porque dialogó cuando las circunstancias se lo permitieron como porque ha sido firme cuando éstas se lo han exigido.

No hay, en efecto, razones para pensar que votara recordando el pasado, pero olvidándose del presente. Sí, por el contrario, y muchas, para creer que entendió la valoración que hizo Zapatero del cambio que se había producido en la actitud de ETA y de su entorno. Le apoyó entonces en las maduras como le apoya ahora en las duras.

Si esto es así, cabe preguntarse si lo que le ha sucedido al nacionalismo en estas elecciones no tendrá que ver, en gran medida, con el hecho de que no haya percibido el cambio que se ha dado en su electorado a este respecto. No puede seguir diciéndose lo mismo, cuando las circunstancias han cambiado de modo tan radical. Ni es comprensible que quien se hiciera uña y carne con Zapatero mientras el proceso de diálogo duró se ponga ahora de uñas con él cuando éste se ha roto. Ahí radica uno de los errores más clamorosos que contiene la 'hoja de ruta' del lehendakari y del nacionalismo: el de no haber sabido entender, como sí parece haberlo entendido el electorado, que no se puede hacer oídos sordos a la realidad y proceder como si en ésta nada hubiera ocurrido.

«Como si ETA no existiera». Ésa fue la proposición que Imaz -y perdóneme el PNV que le vuelva a mentar la bicha- trató de rebatir en el artículo en que emplazó al lehendakari a revisar, no sólo la consulta, sino toda su 'hoja de ruta'. Él sí entendió lo que había pasado. Por eso afirmó que, frente a la insistencia voluntarista en un diálogo difuso y confuso, sólo quedaba, tras la ruptura del alto el fuego, la persecución policial y judicial de ETA, así como la deslegitimación política y social de todo su entorno, es decir, lo que ha hecho Zapatero. Por lo que hemos visto en estas elecciones, también buena parte del electorado nacionalista lo ha entendido del mismo modo y ha preferido prestar su voto a los socialistas a dárselo a un partido que no acaba de entenderlo.

j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com
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