
-Venía expectante por dos razones. Una, por comprobar si me recibiría con un kimono bordado en seda o algo así...
-¿Puff! Pues he estado a punto de recibirle en pijama, pero he pensado que igual le daba flash...
-Y dos, por ver su colección de ranas.
-Están casi todas por el jardín. Todo el mundo que me conoce me trae ranas. No cantan bonito, pero relajan. No sé, me dan ternura.
-¿No se pone divina ni un ratito al mes?
-Soy muy comodona y cada vez me da más pereza. Incluso me maquillo menos. Igual por la edad... te hace más joven. Además, llevo una vida deportista con mi pareja.
-Entre nosotras. ¿Se las come fritas o al vapor? Las ancas, digo.
-Noo. No puedo. Tampoco como conejos, ni patos -tuve uno de pequeña que se llamaba Saturnino-, ni perdices. Y si me presentan al bogavante antes de servírmelo, se fastidió. Soy capaz de ponerle un nombre y...
-Entonces las besa, a ver si le sale un armador en vez de un jinete...
-¿Un Onassis? Para nada. No soy nada de eso. Y he tenido una vida en la que he conocido hombres poderosos que me han pretendido, pero resultó que la gente más rica no era la que más dinero tenía. Para mí prima el amor.
-«Me siento libre de equipaje», dijo hace algunos añitos. ¿Se ha hecho ya con algún petate?
-Todos llevamos una mochilita con la que hay que saber convivir. De lo que se trata es de reducir las cosas que te pasan para que, al final, el bulto no pueda contigo.
-¿Y lleva más emoción, temores o resignación en ella?
-En este momento, muchísima emoción, aceptación y lucha. Es una de las lecciones que mi madre me ha dado al final de su vida.
-Cuentan que la fuerza de la Callas era el inhumano complejo de inferioridad que padecía. ¿A la Arteta qué le propulsa?
-Mi pasión por lo que hago. Cuando empecé la tenía, pero luego se convirtió en profesión. La vorágine llega a confundirte. Te sientes encerrada en un laberinto. Ahora, sin embargo, me he dado cuenta de que donde metabolizo mi sufrimiento y mis alegrías es en el escenario.
-La donna ¿è mobile?
-¿La donna è puñetera! ja, ja.
-¿Y el 'uomo'?
-El 'uomo' no puede hacer dos cosas a la vez. Nosotras tenemos veinte mil radares. Somos muy distintos.
-Total, ¿revoltosa, walkiria o Dulcinea?
-Soy revoltosa, inquieta, no paro. Me gusta hacer cosas, idear, maquinar... Dulcinea no, soy muy bruta.
-Y de Tolosa. ¿Promociona por el mundo las alubias, el carnaval o la quintaesencia del nacionalismo menos lírico?
-Las alubias y el carnaval. Amo profundamente mis raíces, pero vivo fuera desde los dieciocho. Y eso me ha hecho muy adaptable a todas las raíces y culturas. Aunque ahora me emociono más cuando oigo un aurresku, me gusta mezclarme.
-Antes que gran dama de la ópera fue repartidora de periódicos, costurera, camarera, peluquera y hasta ¿gogó! ¿De veras no ha desarrollado una sola manía de diosa?
-Al revés. Esas cosas me parecen superfluas, tonterías. Hay gente a la que le gusta que el cantante de ópera tenga ese halo de misterio, pero yo, cuando bajo del escenario, soy Ainhoa y me gusta la vida cómoda y natural.
-«La música aporta civismo a un país», dijo otro día. ¿Tal vez se ha prodigado poco por el País Vasco?
-Ja, ja, ja. Para nada. Este es un país difícil, que lleva muchos años de enconamiento. Aun así, y aunque el ritmo es lento, creo que vamos para adelante. Cuanto más arte, más construimos.
-¿Más belleza es igual a más éxito?
-No creo. Para mi ha sido un arma de doble filo. Le digo más, a más belleza a veces también más envidia.
-¿Y más 'zetapé' tras el 9-M es igual a qué?
-Me daba igual quién ganara porque los dos iban a tener una gran oposición enfrente. Y eso no deja que nadie se duerma en los laureles y que el país avance.
-¿A Sara, su niña, le gusta la voz de su mamá o prefiere a Shakira?
-¿Uy! Nada. Dice que es muy fuerte y me manda lejos.
-¿Me da un do de pecho y nos vamos o peligra la vajilla?
-Peligra la vajilla y la tranquiliad de la montaña. Luego vendrá el pianista y daré algunos.






