
«Zapatero encara ahora la desalentadora tarea de rescatar una economía que enfila hacia las rocas», señalaba esta misma semana un editorial del 'Financial Times', el prestigioso periódico económico británico que tantas veces ha alabado los casi quince años de crecimiento continuado de la 'piel de toro, al resumir las «misiones» que deberá afrontar el presidente en la legislatura que está a punto de comenzar. Y es que, si bien la economía española puede salir del examen con buena nota cuando se la compara con la de los principales países de la Unión Europea, lo cierto es que de un análisis individualizado sólo se obtiene una imagen desoladora: derrumbe del principal motor de los últimos años -la construcción; consiguiente aumento del paro; desaceleración del consumo privado y, por si fuera poco, graves problemas de productividad y una escasa inversión en innovación que permita dar el paso desde una economía que compite gracias a sus bajos costes de producción a otra que lo hace por el valor real de sus productos.
Un reciente informe publicado por el servicio de estudios de Morgan Stanley situaba la previsión de crecimiento de la economía española para 2008 en el 2,5%. Una tasa muy distante del 3,3% que tenía el Gobierno el pasado mes de septiembre y que ya en febrero 'deslizó' cuesta abajo hasta el 3,1%.
Y aún puede ser peor
Con ser pesimista, la estimación de Morgan no es la peor que se puede encontrar en el mercado. El banco alemán Commerzbank acaba de publicar sus estimaciones para España, que nos colocan al mismo borde del precipicio. Para esta entidad financiera, la economía española apenas crecerá este año el 1,5%, y esa cifra aún puede considerarse estupenda si se tienen en cuenta sus vaticinios para 2009: un más que modesto 1% de aumento del PIB.
La entidad alemana no se muerde el 'bolígrafo' a la hora de aconsejar al Gobierno español que acometa una profunda reforma de la negociación colectiva, para impedir que los incrementos salariales se pacten tomando como referencia la inflación pasada, al tiempo que le anima a flexibilizar las fórmulas de contratación «para promover una mayor productividad».
Al menos hay superávit
Todos los analistas internacionales coinciden en señalar, sin embargo, que si bien la situación española es preocupante, también es cierto que los poderes públicos tienen armas en su mano que pueden paliar el problema. En especial, el superávit cosechado por las cuentas públicas en los últimos ejercicios, que ha derivado en un notable saneamiento presupuestario y, en consecuencia, en una reducción del endeudamiento.
El estudio de Morgan, precisamente, recuerda que el Partido Socialista ya ha anunciado la puesta en marcha de algunas medidas anticíclicas, cuyo objetivo fundamental es reducir el impacto del descenso del consumo privado. En concreto, la devolución de 400 euros en impuestos a todos los contribuyentes, que Solbes ha prometido aprobar en el primer consejo de ministros de la nueva legislatura. Para el banco norteamericano, sin embargo, «estas medidas pueden llegar demasiado tarde y quizá no tengan un efecto destacable».
Un análisis de detalle de los informes de Morgan y Commerzbank ayuda a apreciar que quizá ambos manejen los mismos escenarios. Y es que el primero de ellos aclara en el suyo que el crecimiento de la economía española puede llegar al 2,5% este año, si el Gobierno, como ha anunciado, aplica de forma inmediata una política activa para favorecer el consumo. De lo contrario, si el Ejecutivo adopta una estrategia de neutralidad frente al ciclo económico, el PIB apenas si crecerá el 1,2%, lo que puede disparar otro crecimiento: el de la tasa de paro.
La industria tiembla
La visión de la industria no es mucho más alentadora, quizá porque como destacan muchos analistas la inversión española en investigación y desarrollo es manifiestamente mejorable. Para Werner Gehring, consejero delegado del grupo Metzeler Ibérica, que tiene plantas de producción en España dedicadas al sector auxiliar del automóvil, la situación es preocupante. «España y su economía -apunta- tienen un papel difícil: la inflación ha sido y sigue siendo mayor que en otros países de Europa occidental, como por ejemplo Alemania. Esto ha cerrado la brecha de salarios y así España ha dejado de ser desde hace ya unos años un país con mano de obra competitiva. En los últimos años España no ha invertido suficiente en tecnología . Ademas -concluye Gehring- existen en España leyes laborales inflexibles que se materializan en una productividad baja y en un alto absentismo. Se trabaja más horas que por ejemplo en Alemania, pero con mucha menos eficiencia».






