
El montaje de la colosal estafa no se ejecutó en los laboratorios arios sino en un campo de concentración utilizando los inestimables servicios de expertos judíos allí recluidos. El genio del más grande de los falsificadores vino asistido por un selecto grupo de profesionales de la fotografía y la linotipia, que fueron premiados con un trato de favor dentro del horror que se vivía en los barracones contiguos. En este sentido, la cinta no escatima la tremenda realidad exterminadora del Holocausto, que se convierte en brutalidad racista en relación a los privilegiados servidores ocasionales del Reich.
Este planteamiento permite crear el verdadero dilema moral que abordan los integrantes del grupo de elegidos. La legitimidad del servicio al enemigo por estrictas razones de supervivencia propia y de los demás se enfrenta a la resistencia al trabajo bien hecho en provecho del opresor y en perjuicio de terceros. Algo parecido ya planteó 'El puente sobre el río Kwai' en relación al colaboracionismo con el imperio nipón La cuestión se plantea interesante y el desarrollo no deja indiferente al espectador en momento alguno.






