
LOS ENCUENTROS
El acto, convocado bajo el título de 'El sida puede tocarte a ti', contó, asimismo, con la participación de la histórica activista María José Fuster, miembro como Antela de la junta directiva de la sociedad interdisciplinaria Seisida. El especialista canario, en una intervención muy didáctica, recordó que el sida no es una enfermedad única, sino un conjunto de dolencias que sobrevienen a causa de los daños provocados en el sistema de defensas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
La primera oleada de sida que sufrió España se desató en los años ochenta y afectó sobre todo a consumidores de drogas inyectables, entre quienes aparecieron el 65%, de las infecciones. La tendencia comenzó a cambiar en la segunda mitad de los noventa, con una mayor presencia de casos provocados por relaciones homosexuales. La epidemia sigue teniendo un cariz sexual, pero la balanza se inclina cada vez más en contra de las personas heterosexuales, más desprevenidas. «A pesar de que se ha dado una cierta relajación en la comunidad gay, la prevención siempre ha hecho mucho hincapié en este colectivo, que está mucho más concienciado», explicó Antela.
Y existe una tercera vía de contagio: el de la madre al feto durante la gestación, aunque las actuales técnicas de control del embarazo han reducido prácticamente a cero esta posibilidad. El País Vasco lleva varios años sin registrar un solo caso de estas características.
Fallan los mensajes
La militante de Cesida María José Fuster, portavoz de las ONG en la sociedad Seisida, expresó su tristeza por lo difícil que resulta que los mensajes preventivos calen entre la población, especialmente cuando se trata de modificar conductas sexuales. «Llevamos tantos años diciendo lo mismo, que hasta me da vergüenza repetirlo en tantos foros», afirmó.
Fuster, que se ganó al público con el relato de su experiencia personal, de cómo pasó de desear la muerte a convertirse en la voz de las ONG de España, consideró que las plataformas ciudadanas tienen ante sí dos retos fundamentales. «Los comités antisida tenemos que extender la capacidad de soñar con que otra realidad es posible y trabajar para conseguirla», dijo. A partir de ahí, añadió, los principales caballos de batalla del movimiento ciudadano están en el fomento de la prevención, la educación en valores, la solidaridad con los países más pobres y el fomento de la investigación en vacunas.
Psicóloga de profesión, la activista valenciana se quejó de que la Administración aprovecha la profesionalidad de las personas que trabajan y colaboran con las ONG «como mano de obra barata» para «dejar de prestar a la población servicios que le corresponden. La gente -añadió- está resolviendo la papeleta a las instituciones a cambio de muy poco dinero y cobrando con cinco meses de retraso».
f.apezteguia@diario-elcorreo.com








