
Los efectos de la pleamar de las 7.00 horas fueron «más que considerables», según señaló el alcalde del municipio, Fernando Muguruza. Las olas arrancaron 120 metros de barandilla, árboles, bancos, jardineras y baldosas del paseo de Lolín. En esa misma zona, el personal del hotel Miramar revivió una situación muy similar a la registrada hace apenas un año, cuando la fuerza del mar destrozó los ventanales del establecimiento y concentró abundante arena en su terraza. «Una ola ha reventado los marcos de las ventanas y el agua ha inundado la cafetería, así que la hemos tenido que cerrar. Ahora tenemos que pedir permiso a Costas para arreglarlo todo», relataba ayer con resignación Amaia Alonso, una de las responsables del local.
Por su parte, el pabellón de actividades náuticas quedó completamente arrasado. Las olas se llevaron una pared, desencajaron las puertas y rompieron «200 remos», además de varios barcos y bateles.
Vehículos dañados
Asimismo, una ingente marea de agua y arena inundó varios garajes y dañó una decena de coches, que también fueron golpeados «por grandes rocas macizas» arrastradas por el mar hasta la calle Siglo XX, cercana a la sede de la Guardia Civil. Tal era la cantidad de arena acumulada en el casco antiguo del municipio y el paseo de Ostende que fue necesario retirarla con excavadoras.
En Santander, un golpe de mar provocó importantes daños en El Sardinero, donde olas de «hasta siete metros» arrastraron turismos y anegaron las calles más próximas a la playa. La planta baja del hotel Chiqui, ubicado en esa zona, sufrió importantes inundaciones y un vehículo que estaba aparcado en las inmediaciones quedó empotrado en el comedor del establecimiento. En Laredo, el temporal causó severos destrozos en el Paseo Marítimo, en restaurantes de El Puntal y las instalaciones de la playa Salvé.
El oleaje y las fuertes rachas de viento también volcaron varios bancos de hormigón en la localidad asturiana de Ribadesella y arrancaron una escultura de varias toneladas de peso del muelle de Luarca.









