
San Mamés siempre había permanecido al margen. Eso sí, no tanto al margen de la política como de la escenificación de la repulsa ante los asesinatos de ETA. El matiz es importante. Porque lo cierto es que el césped de La Catedral sí que ha sido utilizado como escenario de actos y gestos con claro trasfondo político. En abril de 1999, por ejemplo, los jugadores del Athletic y de la Real Sociedad salieron al campo portando la ikurriña para celebrar el Aberri Eguna, una iniciativa que provocó las críticas de algunos sectores no nacionalistas del club, empezando por el entonces vicepresidente, Domingo Guzmán. Y el pasado diciembre, sin ir más lejos, San Mamés fue el escenario elegido para un acto de reivindicación de la oficialidad de las selecciones vascas, catalana y gallega.
Sabotaje anunciado
Como no podría ser de otra manera, el minuto de silencio para honrar la memoria de Isaías Carrasco -por cierto, un gran hincha del Athletic- había generado expectación. Entre los aficionados rojiblancos que se acercaban ayer al estadio predominaba la curiosidad. ¿Cómo sería la primera vez? Había algo en lo que todos estaban de acuerdo: el minuto no iba a ser de silencio, como lo fueron los dos únicos que se han celebrado hasta la fecha en San Mamés, en memoria de Telmo Zarra y de Javier Uria. Los radicales, la mayoría concentrados en el Fondo Norte y en una esquina de la Tribuna Sur, se iban a encargar de sabotearlo. Con la falta de unanimidad se contaba. De hecho, ésta ha sido uno de los motivos fundamentales para que este tipo de actos no se hayan celebrado con anterioridad en Bilbao. O para que, como sucedió ayer en el Reyno de Navarra, el minuto se anunciara pero no llegara a celebrarse.
La sorpresa en San Mamés, pues, no fueron los gritos y provocaciones de quienes ni siquiera son capaces de guardar un silencio respetuoso cuando asesinan a un hincha de su equipo. Lo que provocó el desconcierto de la hinchada fue que, al final, el minuto no fuese minuto sino un puñado casi inapreciable de segundos, apenas ocho. En el campo de Mendizorroza, donde también se registraron algunos incidentes durante el homenaje a Isaías Carrasco, al menos se llegó a los veinte segundos. Lo de San Mamés, en cambio, fue un suspiro. El propio árbitro del Athletic-Valladolid, Aiza Gámez, reflejó en el acta esta brevedad inusitada. «Antes de empezar el partido se han guardado unos instantes de silencio», dejó escrito.
Fue algo extraño. La directiva del Athletic aseguró a este periódico que Aiza Gámez no tenía ninguna consigna de cortar el minuto por lo sano. Tampoco tenían, por lo visto, ninguna consigna los jugadores rojiblancos. Ellos eran los ídolos de Isaías Carrasco, pero fueron los jugadores rivales, los del Valladolid, quienes se abrazaron en el centro del campo en un bonito gesto de respeto y solidaridad.
Fernando García Macua, pese a todo, se sentía satisfecho y orgulloso de haber abierto un camino. «Lo importante ha sido el gesto, el testimonio. Éste no es un tema de cantidad sino de calidad. Había que hacerlo. Había que dar el paso y lo hemos hecho», aseguró.






