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La carretera más larga de Vizcaya llega a la meta

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La carretera más larga de Vizcaya llega a la meta
EL FINAL DEL TÚNEL. Un operario trabaja en los remates del tramo Arbuio-Sodupe, que se inaugura el próximo jueves. / FERNANDO GÓMEZ
Si existe un corredor de fondo en las carreteras vizcaínas, es el del Cadagua. Han sido necesarios veinte años de obras para completar los 31 kilómetros de asfalto que separan -o acercan- Balmaseda y Bilbao, un trayecto que durará alrededor de 17 minutos a partir del jueves, cuando se abra al tráfico el último tramo. El viaje ha puesto a prueba la paciencia de los vecinos de Las Encartaciones, obligados a sortear las curvas y los parones del proyecto, bien por dificultades técnicas o por falta de 'gasolina' en los presupuestos forales.

Los ocho tramos que se han ido inaugurando desde 1990 suman 257 millones de euros, 309 si se actualizan los precios con la referencia del año 2005. La cifra ahora no impresiona, con la Diputación volcada en la construcción de la 'Supersur', que costará más del doble. A finales de los 80, cuando se diseñó el corredor, más que grandes presupuestos se manejaban grandes necesidades. Poco después de la transferencia de las obras públicas a las instituciones forales, los alcaldes de Las Encartaciones, con el de Balmaseda, Jesús Suso, a la cabeza, fueron en caravana al despacho de José Alberto Pradera.

Le relataron sus viajes interminables por la BI-636 hasta Bilbao -«en verano podían durar horas»- y aseguraron que se sentían «abandonados, dejados de la mano de Dios». Él llamó al diputado de Obras Públicas, Fede Bergaretxe, y le dijo: 'vete mirando lo que se puede hacer'. En aquel momento, «en Balmaseda no se podía vivir. La carretera pasaba por el centro del pueblo y los camiones pegaban en los balcones, eso lo he visto yo», recalca Bergaretxe.

Por allí empezó el corredor, «por donde se podía». La obra no requería grandes desmontes, el trazado estaba claro y había dinero. La emisión de pagarés forales engordó las arcas y permitió destinar «20.000 millones de pesetas de las de entonces» a las obras públicas. Se asfaltó «toda Vizcaya» y «se abrió la veda» para reclamar la construcción de variantes, recuerda Pradera. A la de Balmaseda le siguió la de Zalla. Después se actuó en el otro extremo del corredor, en el enlace con la A-8 a la altura de Castrejana, «porque así garantizábamos a los alcaldes que se iba a hacer todo».

Entonces se esperaba terminar las obras «en diez o quince años», pero después de Zalla empezó a formarse el atasco. El tramo hasta Sodupe tuvo que dividirse en dos fases por falta de recursos económicos, y en gran parte del trazado -entre Padura y Aranguren- la capacidad de la carretera se limitó a un carril por sentido, dejando el terreno preparado para convertirla en autovía. Los alcaldes de Las Encartaciones volvieron a levantar la voz, y hasta en cinco ocasiones reclamaron que se agilizaran los trabajos. Quizá fue Guillermo Ibarra, el de Güeñes, quien mejor expresó los temores colectivos. «Parece que los 30 kilómetros que separan Balmaseda de Bilbao van a precisar 30 años», dijo.

Como diputado general, Josu Bergara se acostumbró a escuchar estas reivindicaciones. «Me preguntaban '¿para cuándo el resto del corredor'? y yo contestaba 'todo llega'. La verdad es que no había recursos», afirma. Él tomó posesión del cargo en 1995 y los primeros años fueron «muy malos». Tiempos de «grandes discusiones» en el Consejo Vasco de Finanzas porque había que «repartir la escasez. Teníamos que atender otras muchas necesidades en infraestructuras y nos estrujamos el magín para obtener fondos extrapresupuestarios». El sistema de endeudamiento a largo plazo a través de la empresa foral Bideak conocido como el 'modelo vizcaíno' se puso en práctica con la variante de Sodupe «y se exportó a las ampliaciones del metro de Madrid», aunque en 2002 hubo que renunciar a esta fórmula para adaptarse a los criterios marcados por la Unión Europea.

«Como un portaaviones»

Las instituciones lidiaban con los problemas económicos y los vecinos, con los atascos. La BI-636 entraba en los cascos urbanos con su carga de tráfico y, lo que es peor, de malas noticias. Esta carretera, estrecha y sinuosa, siempre ha despuntado en las estadísticas de siniestralidad. Entre 1993 y 2006, un total de 60 personas han perdido la vida en accidentes en esta ruta, según datos facilitados por el Departamento de Interior, y 312 han resultado heridas graves.

Los años más duros fueron 2002 y 2003, que se cerraron con un trágico balance de 17 muertos, y el tramo más conflictivo, el de Sodupe. Poco después de abrir la variante, hubo que tomar medidas para mejorar las condiciones de seguridad. Interior reforzó los controles de alcoholemia y los radares móviles y limitó la velocidad a 80 kilómetros por hora. También se hizo evidente la necesidad de desdoblar el tramo Padura-Aranguren, que había quedado con un carril por sentido. Esta obra se enganchó al final del corredor, entre Bilbao y Sodupe, y se subió al tren de las grandes infraestructuras con financiación del Banco Europeo de Inversiones.

Faltaba, sin embargo, lo más difícil, al menos desde el punto de vista técnico. La variante de Alonsotegi y la de Zaramillo conforman el tajo más complicado que se ha abierto en Vizcaya hasta la 'Supersur'. Son obras «alpinas», como solía decir el ex diputado Eusebio Melero, con inversiones de hasta 15 millones de euros por kilómetro.

La variante de Alonsotegi se abrió camino en la abrupta orografía del valle con 30 kilómetros de anclajes y 350 voladuras que dieron más de un susto a los vecinos. El incidente más sonado, sin embargo, ocurrió en abril de 2007 en las obras del último tramo, entre Arbuio y Sodupe. Ocho personas resultaron heridas, la mayoría de carácter leve, al explotar 30 kilos de Goma 2 tras una voladura en el túnel de Zaramillo.

En este mismo tramo, el más caro y difícil de toda la autovía, se produjo un derrumbe en los desmontes en agosto del año pasado, tras varios días de intensas lluvias. Para Iñaki Hidalgo, que acababa de tomar posesión como diputado de Obras Públicas, supuso un baño de realidad. «Fue la primera obra que visité y estaba casi terminada. Pocos días después ocurrió el desplome y lo que cayó fue como un portaaviones», recuerda.

Esta fue la causa de un nuevo retraso e impidió cumplir el compromiso de completar el corredor en 2007. Era el último recodo de la carretera más larga de Vizcaya, si no en el mapa sí en el calendario. La única que ha pasado por las manos de tres diputados generales. José Luis Bilbao ha decidido «no organizar ningún sarao» para celebrar el final de las obras. «Lo que queremos es abrirlo ya. Históricamente, había una sensación de que esta comarca estaba abandonada, dejada de la mano de Dios, y está bien cerca». A partir del día 13, estos veinte años de historia se resumirán en menos de veinte minutos.
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