Apenas faltaban diez horas y media para el inicio de la jornada de reflexión que, inevitablemente para ETA, conducirá a las urnas a millones de votantes en las elecciones de mañana. Isaías Carrasco salió del portal de su casa, en el número 6 de la calle Navas de Tolosa, un modesto inmueble enclavado en una barriada obrera de Mondragón. Según fuentes familiares, había pasado parte de la mañana junto a su primo Félix y acababa de comer. La banda se cruzó en su camino cuando se dirigía a Bergara, donde trabajaba en una cabina de peaje de la compañía Bidelan, la empresa pública guipuzcoana que se encarga del mantenimiento, la conservación y el cobro a los usuarios de las autopistas A-8 y AP-1 a su paso por este territorio histórico.
El ex concejal llegó a montarse en su vehículo particular, un 'Opel Astra' de color azul. Antes de que pusiera en marcha el motor, el terrorista se apostó delante del vehículo, aproximadamente a un metro y medio de distancia. Según la descripción de los testigos, era un hombre alto, delgado y con barba -posiblemente postiza, según algunas fuentes-, que actuó a cara descubierta, vestido con una cazadora de cuero negro y un pantalón vaquero del mismo color. El asesino disparó cinco veces con una pistola automática del calibre 9 milímetros Parabellum. Según fuentes de la lucha antiterrorista,todos los proyectiles penetraron por el parabrisas y alcanzaron a Carrasco: uno en la cabeza, otro en el cuello, dos en el tórax y el quinto, en el brazo. El parte médico, sin embargo, hablaba únicamente de tres impactos de bala, dos en el hemitórax derecho y uno en el cuello. La trayectoria que dibujan los agujeros que dejaron un rastro mortal en el cristal delantero del automóvil parece indicar que el pistolero siguió el movimiento de su víctima mientras seguía disparando.
A continuación, el etarra echó a correr hasta alcanzar un 'Seat Córdoba' de color gris, con la matrícula BI-7185-CN, donde le aguardaba un cómplice con el que se dio a la fuga. Las placas del coche, que estaban dobladas, correspondían a las de un 'Seat Toledo'.
Abrazadas a la víctima
Mientras, el ex concejal agotaba sus últimas fuerzas abriendo la puerta de su automóvil antes de desplomarse en el suelo, donde comenzó a formarse un gran charco de sangre. Quienes vieron lo que ocurrió después no lo olvidarán jamás. Sandra, de 20 años, hija mayor del antiguo edil, fue la primera persona en acercarse al herido. Muy poco después llegó su esposa, María Ángeles, que se abrazó al cuerpo de la víctima. Desesperadas, las dos mujeres lograron moverlo hacia el centro de la calzada. Pedían ayuda y gritaban -«asesinos», «le han matado»-, mientras la sangre de su padre y marido les iba cubriendo la cara, las manos y la ropa. Según una vecina, el herido aún presentaba cierto nivel de consciencia y negaba con la cabeza cuando su mujer y su hija le intentaban animar con frases como «vas a salir de ésta» mientras era introducido en la ambulancia.
Isaías Carrasco fue evacuado al hospital Alto Deba, de Mondragón. Ingresó a las 13.50 horas en el servicio de Urgencias «inconsciente e inestable desde el punto de vista hemodinámico» y sufrió dos paradas cardiorrespiratorias. Sobre las dos de la tarde, diversos medios de comunicación informaron de su fallecimiento, aunque el paciente llegó a superar la primera crisis mediante maniobras de reanimación pulmonar. Definitivamente, los médicos certificaron la defunción a las tres menos veinte de la tarde.
La Ertzaintza montó diversos controles de carreteras en los accesos y las salidas de la localidad guipuzcoana, así como en otros puntos del territorio histórico. El asesino y su cómplice, sin embargo, consiguieron eludir el cerco. El juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, que se encontraba de guardia, abrió diligencias para investigar el atentado.
Representantes institucionales, encabezados por el lehendakari Juan José Ibarretxe, y la mayor parte de los dirigentes de partidos democráticos vascos -entre ellos Patxi López, que encabezó una amplísima delegación socialista- ya habían comenzado a desfilar a esa hora por el hospital guipuzcoano. Acudieron también la alcaldesa de Mondragón, la aeneuvista Inocencia Galparsoro, junto a otros ediles de ANV, pero algunos representantes del PSE le pidieron que abandonara el centro sanitario.
A cientos de kilómetros de allí, la noticia corría como la pólvora, y se empezaba a adivinar que la campaña electoral había llegado a su fin. El terrorismo alteraba el calendario preparatorio de los comicios generales por segunda vez consecutiva: hace cuatro años, se suspendieron los dos últimos días de la campaña como consecuencia de la masacre del 11-M.
Para las tres de la tarde, las principales fuerzas políticas confirmaron la suspensión de los últimos mítines. José Luis Rodríguez Zapatero volaba ya de Málaga a Madrid, después de que las cámaras captaran el preciso instante en el que palideció cuando Manuel Chaves le contó al oído lo ocurrido.Mariano Rajoy realizó una declaración para la prensa poco después de las tres. Zapatero lo hizo a las cinco, la misma hora elegida también por Ibarretxe para efectuar su comparecencia pública en Lehendakaritza. El jefe del Ejecutivo vasco convocó concentraciones de repulsa para el mediodía de hoy ante todas las instituciones de Euskadi. En el resto de España, en cambio, la Federación de Municipios optó por trasladar las convocatorias al lunes, ante el riesgo de que su desarrollo pudiera interferir en la jornada de reflexión de hoy. El lunes se celebrará una gran manifestación en Mondragón.
Todos los grupos de la oposición en el Ayuntamiento guipuzcoano y EB-Zutik -que cogobierna la localidad con más población de cuantas encabezan regidores de ANV- condenaron el atentado y acordaron instalar la capilla ardiente en el salón de plenos, a lo que se opuso el partido de la izquierda abertzale. La alcaldesa decidió apartarse durante el fin de semana de las labores municipales para no participar en los actos de duelo.
Al anochecer, los dos principales aspirantes a presidir el Gobierno español en los próximos años llegaron a Mondragón. Rajoy visitó la capilla ardiente. En todo caso, ambos unidos en el dolor, días después de que Rajoy acusara a Zapatero de «traicionar a las víctimas del terrorismo» o de que el presidente del Gobierno esgrimiera un balance que, tristemente, se ha revelado como provisional: durante la última legislatura -dijo el candidato socialista-, ETA sólo ha causado cuatro víctimas mortales en España. Desde ayer son cinco.








